Madurez

La memoria se infesta contigo. Con todos. Falsos, porque fueron (lo se), pero que ahora se dibujan sobre una amalgama que no respeta la verdad. Un nombre más, una imagen cualquiera, tal vez un rostro inventado.
Mientras, millones de vidas continúan moviéndose nerviosas, sin rumbo alguno. Buscando cruzarse en el camino que se trazó antes de que Dios existiera. Con la mía.
El recuerdo se completa con las migajas del que debería haber sido. Y el tiempo se detiene esperando cobrarse una pieza segura. Ese pedazo que cuando te falte dejarás de querer.



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