Magia potagia

Desde muy niño decidí que la magia lo era. Sin más. Aún hoy miro fascinado como un señor hace desaparecer a otro, o lo hace trocitos para volver a recomponerlo, o es capaz de descubrir lo que tiene en el bolsillo el niño de la fila ocho, butaca doce. Y me lo creo. No me hago preguntas. Algo así como cuando llegan los Reyes Magos de Oriente.
Con Internet me pasa algo similar. Ni sé cómo es posible que esto funcione ni me importa lo más mínimo. Cuando miro las estadísticas de visitas de esta página me asombra comprobar cómo gente del mundo entero se asoma a diario, personas que no he visto ni veré jamás leen, por ejemplo, este texto. Mágico. La diferencia con la magia convencional es que en Internet no desaparece nada. Al contrario, en la red llegan cosas y más cosas. Sin parar. Y personas.
No hace mucho, de la mano de mi amiga Ginebra, conocí a Carmen. Suele dejar sus comentarios por aquí con el nombre de Carmenneke. Es muy posible, casi seguro, que de no ser gracias a Internet no hubiéramos sabido el uno del otro jamás.
Y como la magia es eso y no otra cosa, no he conocido a cualquiera. Conocer a cualquiera puede ocurrir en un bar o en la cola del metro. Neke es una mezcla de inteligencia, ímpetu, espontaneidad, sensatez, cultura, buen criterio literario y una simpatía arrasadora (malagueña y belga, mezcla casi imposible), que la convierte en una mujer entrañable. De esas con las que hablas cinco minutos y te puede parecer que conoces desde que eres niño.
Si quiero aprieto una tecla y sale de la chistera. Magia potagia. Sin hacerme preguntas. Y sabiendo que la red no puede sustituir, en ningún caso, lo que tengo al lado, mi mundo real en el que trabajo, amo, compro o estudio. Sería un error enorme pensar que el gran truco que es Internet es a lo que podemos agarrarnos para sobrevivir. Por eso estoy tan alejado de las redes sociales. Eso si que me parece un horror con el que convertimos nuestras relaciones interpersonales en una broma de mal gusto. Que un ser humano se enamore de un avatar, de una fotografía o de una frase, me parece lo más insólito y estúpido que se me puede ocurrir.
De la chistera sale alguna paloma que otra, pero gente como Neke aparece una vez. Y sólo cuando se convierte en persona que se come un cocido madrileño contigo. Eso es magia. Millones de conejos de la misma chistera es soledad disfrazada de multitud. Esa es la diferencia. Y a eso no juego.


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