Mamá, quiero ser artista

Me preguntaba ayer un muchacho finlandés que por qué en España se duerme siesta y es tan importante para todos que así sea. Pues muy fácil, querido finlandés, porque no queremos dormir durante la noche. En España desde bien jovencitos nos negamos a dejar pasar la noche como si no existiera, le contesté.
Los niños quieren acostarse tarde, los adultos también, los adolescentes creen que dormir antes de las doce de la noche es una especie de pecado mortal. Y, entonces, ya hace muchos años, alguien inventó la siesta. Robamos unas horitas al horario laboral (la siesta puede hacerse incluso en la oficina si la habilidad del sujeto es normalita, no hace falta ser un genio del escaqueo) y podemos hacer realidad uno de nuestros deseos más arraigados.
Y ahora pienso que esto de dormir la siesta es parecido a lo de ser escritor. Un buen día todo todos los españoles deciden que hay que ser escritor, que eso viste muchísimo y que si no lo consigue se convertirá en una persona acabada. Aparecen cientos de talleres literarios, un buen puñado de escuelas dedicadas a la enseñanza exclusiva del arte literario, programas de radio se unen invitando a enviar textos a los oyentes, no hay pueblo de España que no proponga un premio de novela, poesía o relato breve y el mundo se llena de escritores en ciernes. Grandes futuros escritores. ¿Por qué? Pues muy fácil, también. Los medios de comunicación nos muestran ese mundillo literario que crece alrededor de los premios, de los lugares en los que se toca la fama y algo de poder. Y la gente se lo cree. Quiere ser escritor cualquiera porque cualquiera quiere ser persona de fama. Antes era al contrario. Nadie quería acercarse al mundo de las artes porque sabía que su futuro se llenaría de deudas y hambre.
Lo triste es que hay programas (en esos mismos medios de comunicación) que nos enseñan que si nos casamos con un tipo millonario por una cuestión económica (es decir, que nos casamos por la cantidad de pasta que maneja y nada más) también nos hacemos ricos y famosos. Aún no se ha producido un movimiento social de grandes dimensiones en este caso. No todos queremos ser unos frescos, pero estamos a punto de conseguirlo.
Me temo lo peor. No quisiera pensar que, por ejemplo, a las niñas españolas les de por ser ministras de defensa, o a los muchachos les parezca muy atractivo llamarse Boris y decidan bajarse los pantalones en cuanto vean una cámara cerca. Quiero pensar que con la siesta y el querer ser escritores tenemos bastante.
Piensen seriamente sobre si quieren ser escritor o no. Se gana poco dinero y se sufre más de la cuenta. Quizás lo del millonario sesentón es mejor alternativa. O quizás lo mejor es quedarnos cada uno con lo nuestro y dejarnos de idioteces.


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