Maquillaje

– Tranquila. Ya verás como todo sale bien. No pienses más en ello.
– Si es que le quiero. No puedo evitarlo. Si fuera capaz me lo quitaría de la cabeza ahora mismo.
– Venga, deja de llorar. Quizás no tengas razón. No sé, es posible que sean imaginaciones tuyas y nada más.
– Sé que está con otra. Son muchos años con él como para no darme cuenta. ¿Qué clase de mujer puede destrozar un matrimonio de esta forma? ¿Quieres saberlo? Una zorra, una mujer sin escrúpulos que quiere ver cómo a todo el mundo le puede pasar lo mismo, que intenta justificar su mierda de vida jodiendo la de los demás.
– Bueno, no creo que tenga que ser así. Eso es generalizar demasiado.
– No lo es. Sólo una papanatas luciendo lazos y calcetines o una puta puede hacer tanto daño. Cuando hables con mi marido cuéntale todo esto.
– ¿No será mejor que se lo digas tú? Y deja de llorar, no te lleva a ningún sitio que sea bueno para ti.
– También le puedes decir que me ha fallado, que es mi gran decepción. Qué fácil es cambiar un mal polvo por toda una vida. Pero claro, yo friego el suelo, lavo sus camisas y llego reventada a casa. Así nadie puede gustar al otro. Por cierto, no te molestes conmigo, pero tanto maquillaje te sienta fatal. Y a nuestra edad ya no podemos esperar milagros. En cualquier momento te cambian por una cara más mona y unas tetas en su sitio.
– Me tengo que ir. Ya te llamaré para saber cómo te encuentras. Dame un beso. Hasta pronto.
Suena la puerta al cerrarse. Agarra una servilleta de papel y se limpia el carrillo izquierdo con fuerza. No le parece suficiente y corre al baño para lavarse la cara.



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