Martirio o compromiso

Hay escritores que se martirizan pensando que no tienen nada que contar. Mal asunto. En realidad, la cosa no es grave si el problema se reduce a una confusión entre lo que significa construir una trama deslumbrante y, por otro lado, no tener una sola idea en la cabeza. Esto es algo que ocurre frecuentemente entre los jóvenes escritores. Creer que el escribir se reduce a eso, a contar la mejor de las historias, es un problema habitual, pero pasajero. Poco a poco, el que quiere ser escritor va percibiendo algo que comienza a pesar y termina siendo casi insoportable: el camino es el contrario al intuido, se trata de crecer como persona para llegar a ser un buen escritor (escribir una buena novela no nos dibuja con mejores trazos. No. Eso son invenciones de madres entusiastas). Se trata, en definitiva, de conseguir difuminar los límites de la realidad para que la ficción se adentre en ese territorio cercano e incomprensible, convirtiéndose en algo más de lo vivido por el lector, haciendo que buena parte de lo cotidiano se explique desde una perspectiva desconocida hasta ese momento. La literatura que “cala” es la que pasa a formar parte de la experiencia del que observa el texto como podría hacerlo con cualquier otra cosa. Con naturalidad y sin imposiciones de ningún tipo. Arrancando lo importante de cada palabra y haciéndolo suyo.

Y eso, el buen escritor lo puede palpar desde el primer día. Es algo que aprende leyendo, descubriendo en cada página que otros ya adquirieron un compromiso con ellos mismos y con sus lectores, lejano a las economías de escala editoriales o al retorno de su esfuerzo en forma de porcentajes.
Los escritores (los de verdad) siempre tienen algo que decir. Saben que no gustará y que, quizás, nadie se atreva a publicar lo que vayan escribiendo, pero eso es igual. El compromiso intelectual sigue vivo hasta la muerte física. Los que quieren ganar dinero escribiendo (¡Ja!) se atormentarán por siempre jamás porque una idea brillante no es lo mismo que una buena novela. Y si no tienen nada que contar, si no tienen una sola idea en la cabeza, pues mejor. De eso nos libramos los demás.


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