¿Más de lo mismo?

Tengo la costumbre de visitar todos los días alguna librería. Cada uno gasta el poco tiempo libre del que dispone como puede. Me relaja leer páginas sueltas de libros aún sin descubrir con la esperanza de encontrar algo que me interese desde un primer momento. Sin embargo, son muchos los días que salgo con las manos vacías. Regreso a casa con una extraña sensación y una pregunta que no varía: ¿Cómo es posible que entre tanta “novedad” no sea capaz de interesarme por nada? No hace mucho tiempo charlaba sobre este asunto con Luis Mateo Díez (hombre simpático y amable; magnífico novelista). Coincidíamos en algo que puede ser preocupante. Parece que todos los novelistas escriben igual, que las tramas cambian, pero no un “mar de fondo” (así lo llamó Luis) casi exacto por mucho que las “historietas” sean originales. Es muy difícil encontrar voces que rompan con una monotonía que crece al mismo ritmo que el número escandaloso de novelas publicadas. Parece que todos los novelistas están cortados con el mismo patrón y eso es muy aburrido. Escritores de raza que trabajan sin pensar en la publicación de la obra quedan pocos.
Pues bien, hace unos días llegó a mis manos un ejemplar de la novela titulada “El juego del ahorcado”. Lo firma Imma Turbau, una joven catalana. No voy a decir que sea la novela del año, no voy a negar que se pueden encontrar algunas incorrecciones técnicas que si no estuvieran harían mejorar el texto notablemente. No, no lo haré. Pero si digo que escribir con esa frescura, construir una voz sin complejos, en definitiva, narrar construyendo una mirada diferente, hace que el lector se reencuentre con una lectura agradable y, por qué no decirlo, divertida.
Me estaba empezando a preocupar. A ver si puedo comprar todos los días un librito


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