Más futuro que pasado

Acabo de hablar con Araceli. Hemos reído un rato. Apenas hace falta preguntar qué tal estamos. Ya lo sabemos. Cuando las cosas nos importan, casi siempre sabemos todo o lo intuimos de forma que, finalmente, la realidad se parece mucho a lo pensado. Qué buena gente es esta mujer.

Gimena ha llorado esta tarde más que durante el último mes. Esto quiere decir que está a punto de batir cualquier marca conocida anteriormente por un ser humano. Cuando tenía decidido irme para no volver jamás, un ataque de cordura repentino y transitorio me ha hecho pensar sobre la posibilidad de dar un paseo con ella. La he sentado en su cochecito mientras pataleaba y nos hemos ido a la calle. Cada persona que pasaba junto a nosotros le decía algo. Uy, que fea te pones cuando lloras. Qué pasa Gimena, se te escucha desde la Puerta de Alcalá. Pero bueno, si creía que llegaba el fin del mundo con tanto grito. El resultado ha sido muy desalentador. La niña lloraba mucho más. Y parecía imposible poder hacer algo para remediarlo.

Estaba a punto de parar un taxi, dejar dentro a la criatura y decir al chófer “espere un momento, que olvidé las gafas”, para no volver jamás, y Gimena ha dejado de llorar. Desconozco la razón. De verdad. Se ha dado la vuelta en su silla y ha dicho “Ta no Toro” (habla bastante peor de lo que llora). Lo cierto es que ha cerrado la boca. Punto.

Con sigilo he abierto el libro que llevaba encima (edición de bolsillo y muy manejable) y, mientras continuábamos con nuestro paseo, he leído algunas páginas. La últimas. El escritor y sus fantasmas. De vez en cuando echo un vistazo a la obra de Sábato. Un autor duro y oscuro.

Paz en la tierra. Gimena dormida. Con cara de no haber roto un plato en su vida. Tiempo para reflexionar.

¿Hasta qué punto es el autor dueño de su obra? ¿Cómo puede impedir lecturas erróneas o lejanas al espíritu mismo de la obra? ¿Pinta el autor algo en todo esto después de entregar el manuscrito en la editorial? Respuestas. No. Nunca.

Fumo sentado en un banco del parque mientras Gimena duerme aparentando ser una niña tranquila. Una ricura. Ajena a todo lo que pienso.

¿Qué importa realmente? ¿Qué no llore Gimena? ¿La crisis? ¿Ser feliz? ¿Sumar euros en la cuenta corriente? ¿El dichoso sentido de la vida?

Lo más importante que se me ocurre es volver a la niñez, no perder ese punto infantil que nos daba espontaneidad, que nos hacía llorar o reír al margen de la realidad. Y saber que el hombre siempre tiene más futuro que pasado. Como los niños. Un hombre anclado en el pasado es un hombre muerto.

Hoy no apetece escribir demasiado. El día fue intenso. Y no sé muy bien por qué, pero me viene a la cabeza uno de los poemas que más me gustaron siendo joven. Curiosamente, no hace mucho tiempo mi mujer me lo recordó. Y, por supuesto, me hizo sentir eso tan extraño que hace que el lector sufra una gran conmoción. Gabriel Celaya. Momentos felices. Y, ahora, soy yo el que digo “Ta no Toro”.

Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
-el pitillo en los labios, el alma disponible-
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro -sé que todo es fiado-,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es la felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
«Estaba justamente pensando en ir a verte».
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?


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