Mecánica del cortejo

– Te voy a besar, dice mirando al horizonte que marca el sofá en el que están sentados.
Sólo desvía la vista hacia ella una fracción de segundo para comprobar que todo va bien. Pasan dos segundos y pocas décimas. Mantienen la posición como si la cosa no fuera con ellos. Una décima más allá, ella ladea ligeramente la cabeza hacia la derecha. No sabe muy bien por qué lo hace aunque por un momento le parece que queda estupendo. Parpadea despacio y entreabre la boca. Eso le parece formidable.
Con desesperante lentitud para él, pasan ocho décimas más. Parece que pierde algo de tensión muscular porque los hombros comienzan a caer, aproximadamente, cinco milímetros. Es el puto bolero de ese hortera, piensa arrepentido por elegir semejante cosa aceptando la sugerencia de su amigo Coke, ese que se hace llamar albañil del amor.
– Si tú quieres, vaya, dice haciendo un gesto con la mano que le parece interesante a más no poder.
Los músculos del cuello se tensan. En uno y en el otro. Ella, que desde el primer instante desea ser besada con pasión aunque no quiere dar la sensación de enamorada rendida a los pies de nadie, lleva las manos a la altura de las rodillas (a las de ella, claro) y las entrelaza. Adelanta el rostro. Tan poca cosa que solo ella sería capaz de estar segura de que el movimiento es cierto. Los hombros de él descienden otros cinco milímetros. A él le parece que su aspecto debe ser de abatimiento total. No se entera de nada, piensa ella. La he cagado, piensa él.
– Nadie me ha gustado tanto como tú, dice él haciendo un alarde de valor.
Ella, que comienza a sentir como peligra todo su trabajo de días y días, decide tomar la iniciativa. Gira la cabeza hasta que puede mirarle a los ojos. Él, ciertamente desesperado (en realidad no se entera de nada como es normal en estos casos) piensa que es ahora o nunca. Ambos adelantan sus rostros sin saber que en ese momento, exactamente en ese y no en otro, comienza a desaparecer la magia para siempre.


3 Respuestas en “Mecánica del cortejo”

  • Edda ha escrito:

    El cortejo está bien, pero, caramba, vaya manera de ahogar un beso. Si como ese llegarán muchos más y con la misma mágia. Además no hay que avisar, así cada beso es mágico.

  • Anónimo ha escrito:

    Genial,como siempre.
    Quizá me disguste el final,no mola nada cuando la magia ya no causa efecto y hay que pasar capítulo.
    “En un beso, sabrás todo lo que he callado.”
    Pablo Neruda.

  • M. ha escrito:

    Ambos adelantan sus rostros sin saber que en ese momento, exactamente en ese y no en otro, comienzan a VIVIR la magia para siempre.

    Lo siento,así me gusta más¡¡¡