Mejor tontitos

Suena “Too close for comfort” de Jamie Cullum. Justito de voz. Mucho pollo para tan poco arroz. Como casi todo. Si queremos encontrar algo realmente bueno nos tenemos que hacer “raros” y buscar entre los clásicos o entre lo que no conoce el noventa y nueve por ciento de la gente. Y esto ocurre al escuchar música, al leer, viendo películas o mirando cuadros. Lo mismo da. La potencia de los medios de comunicación, de las campañas de marketing, son extraordinarias. Hoy se puede fabricar un artista con tan poca cosa que da miedo pensarlo. Nos estamos convirtiendo en un atajo de borregos, si es que no lo somos ya.
Nos dicen los políticos que leamos y nosotros, obedientes, lo hacemos. Compramos un millón de ejemplares de “El código Da Vinci”. Lo leemos, nos creemos lo que se dice en ese libro y nos sentimos de maravilla. Nos piden que vayamos a ver cine español. Pues nada, nada. A ver cine español. De cada diez películas nueve son el horror, pero no pasa nada porque siempre tenemos una entrega de Torrente que nos hace reír. Ver a un tipo gordo y muy guarro diciendo idioteces nos relaja. Claro que sí. La vida se debe disfrutar. Hoy he visto en la televisión unos minutos del concierto que organizaba una emisora de radio. En Madrid. Mucha gente. He soportado escuchar a “Jarabe de palo”. No había oído nada parecido en mi vida. Ni una nota, ni una, afinada. Cuando han subido al escenario “Hombres G” no he sido capaz de continuar y me he ido a la cocina. Pero eso sí, los medios de comunicación allí, haciendo un directo grandioso. Y Jamie Cullum vendiendo discos como un poseso.
A nadie se le ocurre pedirnos que leamos para pensar un poquito, que escuchemos buena música para educar el oído y formarnos un criterio que nos permita escapar de las estridencias y los gritos que nos dedican desde los escenarios, nadie tiene valor para llenar una cadena de televisión de programas culturales. Nos prefieren tontitos. Así damos menos guerra. Nos dicen que lo que demanda el público es una televisión llena de cotilleos y una literatura que invite a la evasión. Mentira. Si llenasen las parrillas de programas interesantes tendrían la misma audiencia. Nos prefieren tontitos y nosotros preferimos serlo (es menos costoso leer cualquier cosa y comentarla sabiendo que no metes la pata). O eso o ser raro. El abanico de posibilidades es reducido.
Yo no sé si soy raro o no. La verdad es que me interesa más bien poco. Lo que tengo muy claro es que prefiero escuchar a Bobby Hutcherson que a Cullum, que sigo disfrutado de la literatura de Faulkner, de Benet o de Proust y me aburren los libros que aparecen en las listas de ventas millonarias (sin excepción). Eso y que me gustan las películas en blanco y negro. De las de ahora, pocas. Debe ser que me mola ser raro. O que soy escritor que es peor todavía.


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