Mirando el lugar equivocado

El desastre económico que estamos viviendo está acelerando la hecatombe moral en el mundo entero. Sin que seamos, muchas veces, conscientes de lo que está sucediendo. Cuando nada funciona, cuando el sistema falla por completo, todo tiende a venirse abajo. Esta afirmación parece obvia. Y lo es. Pero ¿cómo se hunde todo? ¿Por qué miramos alrededor, observando lo evidente, y no somos capaces de reaccionar? Sencillamente, porque, en realidad, creemos mirar una cosa y miramos otra. Miramos en dirección a lo que nos proponen sin pensar sobre lo que está pasando más allá de una noticia adornada con palabras vacías.
Por ejemplo, los recortes en el área de educación nos hacen clamar al cielo. ¡Qué será de nuestros hijos! ¡Sólo podrán estudiar los ricos! Muy bien. Es verdad y terrible. Pero nos quedamos en la superficie. Dolorosa y difícil de digerir, pero superficie al fin y a la postre. Si nos paramos a reflexionar sobre el asunto comprobamos que la realidad es mucho más cruda. Pero mucho más. Porque si no hay guarderías suficientes las mujeres tendrán más dificultades que las actuales para poder incorporarse al mercado laboral. Esto es penoso aunque funciona de este modo. No veo yo a los hombres renunciando a su trabajo para criar hijos; entre otras cosas, porque el hombre gana mucho más en puestos similares que una mujer. Y puestos a elegir, manda la cartera. A eso le sumamos el punto machista que nos queda hasta a los que vamos de avanzados. En fin, lo de siempre. Por tanto, el recorte en educación agrava, claramente, la desigualdad entre hombres y mujeres. Cabría la posibilidad de no tener hijos, claro. Pero eso supondría renunciar a la maternidad. Un desastre del mismo modo. Renunciar a la maternidad por algo así suena muy mal.
Crisis económica, más crisis moral y ética.
Así que sólo podrán estudiar los ricos y los pobres estarán condenados a no nacer. Bonito panorama. Alguien debería avisar de esto a nuestro gobierno. Son sus recortes los que ponen en peligro la pervivencia de la raza. Lo de los matrimonios gays parece que no es el problema. De eso y de que no nos pueden tomar por el pito del sereno porque no somos tan tontos como creen.
Todo esto que digo es un ejemplo. Porque miremos hacia donde miremos veremos una cantidad enorme de miseria moral, y ética y económica; una falta de valores preocupante y, por tanto, una tendencia a la falta de solidaridad preocupante. Ya se nos olvidó el futuro colapso del planeta por falta de políticas medioambientales que se alejen del sistema económico. El tercer mundo se ha convertido en un ente invisible. La pena de muerte sigue funcionando en muchos países que, además, la aplican como si fueran enemas o algo inofensivo. Esto es un auténtico desastre que contemplamos sin apenas pestañear.
¿Es normal que, ahora, los trabajadores acudan a sus puestos de trabajo teniendo tanta fiebre como miedo a perder su empleo? ¿Serán los contagios por esta razón la gran carga del sistema sanitario y una razón más para privatizar hasta los puestos de golosinas? Si un niño enferma, si sus padres no pueden faltar al trabajo por nada que pase en este mundo ¿les mandamos al colegio? ¿Cuántos críos estarán malitos al día siguiente? ¿Esto es ahorrar o convertir nuestro mundo en una tortura?
¿Nos vamos encomendando todos a la virgen del Rocío para solucionar las cosas? Ya o hacen los ministros y no parece que sea la mejor solución. Es más, es la forma de decirnos que esto no tiene remedio y que tendrá que ser algo desconocido lo que solvente la papeleta. De paso nos meten la cuña religiosa. Ellos saben que si el ser humano recurre a lo divino en momentos de dificultad es porque da por perdido lo terrenal y eso hace que el gobernante se maneje con total libertad mientras los demás rezan.
Mirando y sin rechistar. Así nos querían y así nos tienen. No es normal que los delincuentes que roban en sobres estén tan tranquilos gastando el botín y que, aquí, no pase nada.
Claro, esto tiene su génesis en la falta de pensamiento generalizado. Lo voy a decir una vez más: hay que pensar, aclarar las ideas y ponerse en marcha. Es una urgencia universal. Se acaba el tiempo.


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