Montxo Armendariz: El hombre que lo fue antes de serlo

Con puntualidad, nos encontramos en el Café de Oriente. Dos cafés cortados es todo lo que nos hace falta para comenzar una conversación sobre cine, sobre literatura o, dicho de otra forma, sobre esas vidas que arrastramos desde que las ilusiones se acercaron a nosotros para que pudiéramos agarrarlas por siempre jamás. Pasados que fueron dibujando con el trazo exacto lo que quisimos ser.
Montxo Armendariz es un magnífico conversador. Después de estrechar las manos, una sola palabra y el tiempo se dilata haciendo parecer que el pasado es cosa común. Todo es ahora con derecho a un después. Sonríe al explicar que las lágrimas son producto de una alergia a no sabe qué.
Mientras hablamos pienso en lo que me puede interesar de él que no sepa ya. Sus películas están contadas por muchos; su vida más conocida es eso, su vida conocida. Definitivamente, me interesa la razón por la que Montxo Armendariz se hace mayor sin dejar de ser él. Y, definitivamente, descubro que este director de cine habla de todo como si fuera sagrado, como si fuera eso que nos conmociona para siempre. El mundo tiembla si habla de su hija y de la generación entera a la que pertenece. Un altar para ella, pero, también, colocado para mis hijos y para los de todos que tienen un futuro descoyuntado por delante que terminarán compartiendo. Sagrados los miembros de su equipo de rodaje, del actual y del que fue. Todos arrimando el hombro, con cara de circunstancias tras cincuenta y seis tomas, pero pegados unos a otros para que las películas sean cine. Conmocionan el universo. Sagradas las anécdotas divertidas y disparatadas, la electrónica, el montaje de una película, Tarkovski, Elias Querejeta, el operador de cámara que no dejó de discutir hasta que lo dejó de hacer, el grupo de teatro del barrio, las cámaras súper 8. Todo hace que Montxo Armendariz sea él desde antes de serlo. Y lo más impresionante es el respeto con el que habla del trabajo ajeno. Porque lo convierte en sagrado. También.
Da gusto comprobar que quedan personas que tienen claro lo que son, lo que quisieron ser. Hombres auténticos.
El tiempo ha pasado casi sin avisar. Ha dado tiempo a construir un puzzle con las piezas de sus cosas y de las mías. Ha sido suficiente como para hablar de todo. Suficiente para echar de menos el doble.
Cualquier otra cosa que diga sobre nuestra conversación ya está contada en otro sitio. Cualquier análisis de sus películas ya lo hicieron otros. Sobran esta vez. Pero yo podré contar siempre que estuve con Montxo Armendariz comprobando que las lágrimas de unos ojos enrojecidos por una alergia a no sé qué pueden ser auténticas, sagradas.


5 Respuestas en “Montxo Armendariz: El hombre que lo fue antes de serlo”

  • Edda ha escrito:

    Una conversación enriquecedora, sin duda. Para ambos. A ti ya te he leído, por eso lo sé. Pero también sé que él no se ha ido de vacío.

  • Bicho Bueno ha escrito:

    o cómo convertir una entrevista en un momento único para todos

  • anniechristian ha escrito:

    preciosa descripción… casi se huele el café desde aquí.

  • San Bouza ha escrito:

    “… habla de todo como si fuera sagrado, como si fuera eso que nos conmociona para siempre.”

    GRANDE,Montxo. Y SAGRADO. Y ETERNO.

    Bicos.

  • Marian ha escrito:

    ¡Qué maravilla! leerte porque tienes la capacidad de hacerme sentir en ese café como niña inocente que atenta graba ese encuentro lleno de emociones y palabras sinceras y sabias y vida. Respeto y Admiración, se me quedan.