Mortales con tirabuzón

Los saltos al vacío; sin red, con doble tirabuzón y triple mortal hacia delante; suelen terminar en tragedia. Aunque, también es verdad, que los saltos a la pata coja tienen su peligro. Saltar es arriesgar.
Tengo cuarenta y siete años. Ya he dado unos cuantos saltos peligrosos y miles levantando sólo un pie mientras el otro se apoyaba seguro en el piso. Desde una altura imponente o desde el bordillo de la acera. Supongo que, durante el tiempo que me queda de vida, tendré que dar más. Muchos más. La gracia de todo esto es no saber nunca dónde será el próximo. Si caerás bien o te troncharás como una rama. Si en la caída te llevarás por delante a medio mundo o si los que podrán librarte de un castañazo mortal se harán los despistados.
Hasta ahora, dos de mis saltos han sido mortales con tirabuzón y sin red. Ambos terminaron en tragedia. Pero ambos me enseñaron algo que hasta que no te ocurre no asimilas de ninguna manera posible. Crees que el golpe es definitivo, que de esa no sales ni de coña y… volià. Te levantas te sacudes la ropa un poco, pones cara de circunstancia, te envuelves en dignidad y andando. De paso, aprendes que son muchos los que se hacen los suecos, que un puñadito te intentan dar de leches cuando estás en el suelo y un par de insensatos se acercan para darte la mano, ayudarte a levantar y preguntar cómo ha sido la cosa. Que nadie se engañe. Ante un espectáculo así las gradas se llenan hasta la bandera. Y entre tanto mirón hay de todo.
Algunos de los leen este blog han seguido mi particular espectáculo. Con suerte diversa. Los hay que, pensando que el salto iba a ser de los peligrosos, observaron con atención para, supongo, disfrutar de algo definitivo. Se encontraron con que el asunto quedó en un segundo de equilibrio sobre un cable de acero. Una gran decepción para ellos. Pobres. Otros se encontraron con la juerga de cara sin imaginar que una bomba nuclear les iba a explotar justo debajo de los genitales y se comieron el marrón a pachas conmigo. Es raro que cuando escribo alguno de estos textos no me acuerde de ellos. Para cagarme en sus muertos o sentirme agradecido por siempre jamás. Es raro que cuando escribo alguno de estos textos también me acuerde de los que me leen intentando encontrar una pista clara sobre el lugar, la fecha y la hora exacta en la que volveré a saltar jugándome la vida. Me hace sonreír si publico algo que me ha salido tristón. Les veo correr para ocupar un sitio en la grada de preferencia. Me parece ridículo del todo. Pero lo que es extraordinariamente raro es que cuando escribo uno de estos textos no me acuerde de todos los que se han dado la hostia del siglo y con los que he compartido marrón. Son ellos los que saben a qué me refiero en mis textos, son ellos los que ya comprenden que la vida es un relato que se escribe a base de poner cara de circunstancia, de sacudirse la ropa y caminar como si no pasara nada. Saltadores profesionales que han fracasado siempre que han podido. Saltadores profesionales que no cambiarían esos momentos de peligro por nada del mundo. Saltadores profesionales que tienen un nutrido grupo de seguidores incondicionales que les odian, que les adoran, que les desprecian, pero que siempre están. Y, miren ustedes, seamos claros, los saltadores nos debemos a nuestro público. Sin ellos no seríamos nada.
Les comunico que en este momento dedico mis esfuerzos a dar saltitos a la pata coja. No tengo previsto ningún drama. Si algo cambia, no se preocupen, serán los primeros en saberlo.


3 Respuestas en “Mortales con tirabuzón”

  • Edda ha escrito:

    No fastidie, señor Ramírez, que no tiene usted edad para dar saltos mortales con tirabuzón. Cuando piense hacerlo avíseme. No es para ocupar la grada, no, es para taparme los ojos. Poco más puedo hacer.

  • admin ha escrito:

    No se preocupe usted. Avisaré con tiempo y prometo taparme los ojos también. A mí eso de la sangre me pone enfermo.

  • ET ha escrito:

    Pues el que salta tiene valor y el que no salta es para no descolocarse las ropas y el peinado.
    Y los que saltan aprenden algo, ni que sea que no debían haberlo hecho, pero el que no se mueve poco aprende.

    Saltando saltando yo lo que más he aprendido es a que me importe cero lo que les parezca a los demás.

    Gran metáfora. Te la pienso hackear. En la vida, no en la literatura…no worry ;-))