Muerte reciclable

Una mujer de veintitrés años ha muerto lejos de casa. Defendiendo no sé qué. Otros ya vinieron metidos en una caja de madera y una bandera encima. Gobernaba el Partido Popular y pasó. Gobierna el Partido Socialista y sigue pasando.Supongo que mañana esta muerte (otra más) la intentarán convertir en votos los unos y los otros. Una vergüenza (otra más). Gobernaba el Partido Popular y pasó. Gobierna el Partido Socialista y seguirá pasando.Parece que en este mundo se puede reciclar cualquier cosa. Incluso esto. Si es así, si la muerte de una mujer de veintitrés años se puede disfrazar de cualquier cosa, estamos apañados.Creo saber lo que puede llegar a sentir un militar cuando viste el uniforme y sube a un avión que le llevará a un país ajeno para defender no sé qué. Mi padre fue militar y mi hermano lo es. Y creo saber lo que pueden llegar a sentir cuando políticos y periodistas se refieren a ellos sin otro propósito que el de conseguir votos o un nivel de audiencia importante.No seré yo quien valore si los militares tienen que dedicarse a defender los derechos humanos en Afganistán, si lo que tienen que hacer es repartir magdalenas en África oriental o si, por el contrario, deben quedarse en el cuartel jugando al mus. La prudencia invita a guardar silencio. Lo cierto es que una mujer de veintitrés años regresará a casa metida en una caja de madera y una bandera encima. Y que una familia maldice la hora en la que se alistó en el ejército. Y que mañana se me revolverán las tripas escuchando a los que convierten la muerte en moneda de cambio (otra vez más).


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