Murmullos

El hombre agarra el arma con fuerza. Mueve el dedo con calma, acariciando el gatillo. Murmura una oración. Apunta a la cabeza del otro. Unos cuarenta metros de distancia. Dispara. El casco del otro cae al suelo. Después el cuerpo. Ya no murmura nada. Se siente satisfecho. Se incorpora y apoya la espalda en la pared. Comienza la espera. Pronto llegará una nueva silueta a la que disparar.
No han pasado más de diez minutos cuando escucha toser a alguien. Se tumba despacio. Espera para poder ver con nitidez. Una mujer. Camina despacio cubriendo la cabeza con un pañuelo. Tose cada dos o tres pasos. El hombre fija el objetivo. La mujer se acerca al cuerpo del soldado muerto. Él comienza a murmurar la misma oración que antes. Ella se agacha y busca dentro de los bolsillos del uniforme. Se lleva a la boca un trozo de pan. Devora. Se atraganta. El hombre dispara. Los dos cuerpos quedan juntos. El de la mujer se mueve. Convulsiona. Si no lleva mal sus cuentas ya son cincuenta. Diez días saltando de tejado en tejado, de torre en torre.
Siente náuseas. No quiere mirar por si continúan las convulsiones. Se incorpora. Sabe que le verán. Murmura. Y siente un dolor agudo en el pecho antes de poder escuchar el sonido del arma semiautomática que le persigue desde hace días. Intenta terminar la oración, pero la sangre le ahoga.


1 Respuesta en “Murmullos”