No hay tregua

El día, insolente, se niega a dar tregua. Corre el reloj mucho más lento que el cansancio. Los sonidos son tercos. El olor a última comida se pega a los pies. No hay paso más allá de lo evidente.
La forma se refleja sobre sí misma imitando tiempos pasados. Ahora terror por la fortuna, obligado el ser perfecto. Lo que no sirve siempre acaba en el cubo de basura. No en el amarillo, en el otro.
Regresan los viejos dolores. De visita. Inesperados. Habrá que ahuyentar con plumas de ganso engarzadas por la música. Los músculos se tensan. Los párpados rígidos por la obligación. Una mano que agarra lo que alcanza. Entre quejidos que nadie escuchará jamás.
Prenden las bombillas. Los televisores. Luces tenues cobijan. Todo preparado para abdicar de mí mismo. La espiral enana que arrastra. Tiempo que acaba. Todo tiene un final.


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