No quiero ser como Napoleón

Escucho un disco de Count Basie. No sé porqué me ha parecido una buena elección. Quizás por ser música de antes, de hace mucho tiempo. Es igual.Pienso en que está de moda pedir perdón. Todo el mundo lo pide. Por lo que han hecho diez minutos antes, por lo que hicieron hace quinientos años otros que estaban en una posición similar, por lo que piensan hacer pase lo que pase, por esto, por aquello. Por nada. Empiezo a sospechar que más de uno inventa cosas con tal de pedir perdón. Se presentan excusas y se reciben con mala cara, como diciendo “bueno, vale, pero que sea la última vez que me estás enfadando mucho. Ten más cuidado”. Aquí todo el mundo pide perdón.Estoy a punto de sufrir un ataque de pánico. No he pedido perdón últimamente y me pregunto si me estoy convirtiendo en un ser extraño, ajeno a la sociedad, si me estaré convirtiendo en un monstruo. A lo mejor es que soy medio árabe porque ellos no han pedido excusas por los ocho siglos de invasión que sufrimos. Me he enterado de que se lo han echado en cara y nada. Ni por esas piden perdón. ¿Tendré algo que ver con Napoleón? ¿Seré como el emperador francés? Ni él ni nadie en su nombre han pedido perdón por la que lió en Borodinó. Lo que sí es un alivio es saber que Torquemada y yo no tenemos nada que ver. En nombre de esa alhaja de hombre sí que se han excusado. Qué majos.No sé, no sé. Qué preocupación, oye. El caso es que no quiero parecer un bicho raro. Si todos piden perdón será por algo. Tengo que pensar en todas mis miserias, airearlas y gritar muy, muy fuerte, lo mal que me siento por ser así. Después pediré perdón, así, de forma muy general para que cada cual se quede con la parte que crea que le corresponde. Es posible que sirva de algo. Con un poco de suerte los que tienen cuentas pendientes conmigo se quedan satisfechos y me dejan en paz. Mañana mismo pido perdón a todos los que tengo incluidos en mi lista de correo electrónico. Y, además, como no puedo llegar a todos les pediré que se lo manden a sus conocidos. Ya puestos, qué mejor que el perdón universal. Nunca se sabe. Con esto de internet podría ser que se lo estuviera pidiendo mañana mismo al presidente del gobierno o a Zaplana. Emocionante. Venga a pedir perdón una y otra vez. A millones de personas. Perdón, perdón, perdón.Seguro que alguien me contestará diciendo que no era necesario, que ya había olvidado aquello que pasó, que no tiene importancia. Y le tendré que contestar que sí, que las cosas son como son y que la mejor forma de arreglarlas es pidiendo perdón; que, en realidad, me la trae al pairo que tenga importancia o no, que lo que quiero es ser un sujeto integrado en la sociedad y que para eso hay que pedir perdón por todo. Y le volveré a pedir que me perdone, por favor. En estas cosas hay que mostrarse implacable.Mañana seré un tipo normal. Ya ha pasado lo peor. El pánico queda lejos. No hay nada mejor que medir el grado de ridiculez de las cosas para quedarse tranquilo.


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