No siento nada

– Tranquilo, no me duele que te vayas. No siento nada.
– Mucho mejor, entonces. Me voy más tranquilo.
Escucha el sonido metálico de la cerradura al cerrarse. Se sienta frente al televisor apagado. Pellizca el borde del cojín. Una y otra vez. Cuando se levanta se mira las yemas de los dedos enrojecidas, casi sin piel. La gomaespuma suelta. Ya limpiaré, piensa. Y se asoma al balcón intentando descubrir qué hora es.


Comentarios cerrados.