Nombres (2)

Isabel.
Mira la montaña que se puede ver desde la ventana de casa. Algunas manchas dibujan con extrañeza la ladera. Blanco sobre verde apagado. Mira la montaña con una certeza en el contorno de los labios. Mañana podría estar un poco más allá. Quizás unos centímetros, quizás en otro hemisferio. Porque las montañas se pueden mover, piensa, claro que pueden.
Recuerdos funcionando mecánicamente como el martillo del herrero. Su peor yo explotando. Aturdida, llora sin saber qué es lo que le pasa. Necesita recuperar algo de su espacio. Él desaparece. Justo detrás de la imagen ya difuminada por completo se encuentra con su propio reflejo. Pero sin poder reconocerse. Sabe que es ella aunque es incapaz de hacerlo. Recuerdos. Sólo recuerdos.
Llega al trabajo. Da gusto verte, siempre sonriendo, le dice alguien. Le despacha con una mirada a cualquiera. Si supiera que las montañas se mueven de aquí para allá, otro gallo le cantaría al oído, piensa.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


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