Noodles

– Hay que probar de todo, hija. Al fin y al cabo son fideos. Que los llamen noodles no les hace ser otra cosa. Fideos muy largos.
– A mí me provocan ardor de estómago. Prefiero los fideos normales y corrientes. Un buen cocido es un buen cocido. Y reconozco todo lo que me echo a la boca.
– Bueno, lo pruebas y luego hablamos. ¿Has pensado que puedes estar perdiéndote lo mejor?
– No vamos a discutir por esto. Dame el plato, anda. Por cierto ¿ha llamado?
– Que yo sepa no. ¿Aún crees que lo hará? Me temo que ya ha pasado mucho tiempo, hija. Debes salir con las amigas, divertirte. El mundo es más grande que él.
– Eso es verdad, mamá. Pero las cosas son como son. Y lo que me voy encontrando desde que me dejó es una catástrofe. Cuando no están casados, están separados y con dos o tres niños que cuidar, o me gusta y resulta que es gay. Noodles, mamá, noodles. Y no es lo mismo comerse un plato de esta cosa que cargar con un mochuelo que te va a joder la vida.
– Fideos largos, hija. Si los partes, los puedes echar en la cazuela y apenas notas la diferencia.
– Claro que se nota. Además ¿has pensado que comiendo esto puedo estar perdiéndome el mejor cocido de mi vida? Los experimentos con estas cosas no me convencen. Terminas siempre teniendo ardor de estómago.


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