Notas de despedida

El día que iba a suicidarme me senté en la cornisa para fumar un cigarro. El último, mirando al horizonte mientras la brisa me descolocaba el poco pelo que me queda. O lo que es lo mismo, interpreté el primer acto de la función. Cuando tocaba comenzar con el segundo, saqué el cuaderno en el que suelo tomar notas para escribir algo que sirviera de despedida. Terminé escribiendo esto que sigue:
1. Vivimos presumiendo que avanzamos hacia un futuro prometedor, con la proa mirando a lo desconocido. Y, en realidad, no asumimos que cada paso que damos es un pequeño retroceso para buscar lo que deberíamos ser ya, lo que desechamos antes por desidia, inexperiencia o falta de valor. EL futuro del ser humano es producto de un pasado malgastado (siempre dejamos algo pendiente por poco que sea) sumado a un presente que nos ancla, más y más, a nuestras carencias.
2. La cosmética necesaria para poder sobrevivir se encuentra en nuestras experiencias fallidas (las que no fueron aunque deseábamos). Decoramos el entorno con ellas terminando por creer que fueron ciertas. La cosmética para vivir es la que nos proporcionan los demás con lisonja, esa que recibimos siempre con buena cara y hacemos verdadera de forma instantánea.
3. Todos quisiéramos una vida hecha a la medida. Lo intentamos (tenerla) durante algún tiempo, pero pronto decidimos que lo que hay se puede arreglar para que parezca lo que no es. Trabajar, decir que amas sea cierto o no, sonreír ante la adversidad, manejar los buenos modales… Estética barata. Bisutería.
Como comprenderán dejar esta nota de despedida resultaba imposible. Así que lo dejé para mejor ocasión (lo del suicidio, digo). Y ya se me quitaron las ganas.


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