Odiar y despreciar, todo es empezar

Que existe gente rencorosa lo sabe todo el mundo. Podemos preguntar a un buen montón de personas y nos contestarán que conocen a otro buen montón que desarrollan un rencor enorme, un peligro que asusta. Sin embargo, lo curioso es que, habiendo tantos y tantos rencorosos, nunca damos con ninguno que esté presente en la conversación. Nadie reconoce su propia falta. El rencor es una característica propia de otros. Nunca del que acusa. El rencor es muy hijo de puta.
Para evitar parecer rencoroso (no a los ojos de los demás que, siempre, piensan que lo eres o puedes llegar a serlo, sino a los de uno mismo) tendemos a buscar aliados que sienten eso mismo por alguien. Parece que si alguno más echa espuma por la boca durante años a causa de la misma razón que tú la cosa comienza a ser maravillosa. Pienso que este tío es un mamón. Como lo piensa este otro, el tío ya es seguro que es un mamón, más mamón que nunca. Tengo razón. Y, de paso, yo no lo soy, y esto no es rencor es llamar a las cosas por su nombre. Así de simples son algunas personas. No saben que es muy distinto lo que piensa una persona sobre sí misma que lo que es en realidad. No deja de ser ridículo que un grupo de personas (que no sabe hacer la o con un canuto) se agrupen para defender que ser muy limitado es un don divino (poco más o menos). Porque eso pasa en muchas ocasiones. Los mediocres atacan con frenesí a todo aquel que despunta. Y el rencor que le guardan está motivado por su propio complejo o sus carencias. Otras veces ocurre porque el individuo es un majadero, es verdad.
Todo esto se limitaba, hasta hace poco, a la gente conocida y cercana. Con internet la cosa se está desbocando. Puedes sentir rencor por alguien al que no conoces. Como lo oyen. Redes sociales, chats o foros, se han convertido en lugares en los que rencores y amores aparecen tras cualquier relación que se limita a tres o cuatro frases. Proyectos maravillosos se levantan pocos, pero rencores a patadas. Y amores. Todo hay que decirlo.
El caso es que el rencor que se genera entre las personas es una de las peores cosas que me puedo imaginar. Para las dos partes. Debe ser muy fatigoso odiar a otro. Debe ser muy doloroso ser odiado. No crean que los odiados saben lo que alguien siente por ellos en toda su dimensión. Se pueden hacer una idea aunque nunca terminan de comprender lo que está pasando. Porque nadie cree ser merecedor de algo así. Sin embargo, más de uno se quedaría sin respiración al saber lo que piensan de él o los sentimientos de odio que levanta en otros. Piensen en la oficina. En sus jefes, en los compañeros. En las cosas tan bonitas que se dicen de unos y de otros.
Debe ser por esto que digo (yo es que me he sentido muy odiado en ocasiones) por lo que hace mucho tiempo cambié la estrategia más general. Funciono más tranquilo con la falta de aprecio e, incluso, con el desprecio. Es menos fatiga la que se pasa y menos doloroso, mucho menos, no querer saber nada de los que me importan una mierda. Me consta que el resultado es un rencor de aquí te espero. Pero ya saben que evitar saber algunas cosas parece que diluye el problema. Y la vida se hace más tranquila.


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