Óleo

Para S. en prenda por su simpatía

Como de costumbre he tomado café en el bar de Consuelo. Estaba cansado y he ocupado una mesa. Al llegar, sobre el tablero, una taza sucia, un vaso de agua intacto. Un papel debajo del cenicero. Me ha podido la curiosidad. Lo he leído.

“Eres el óleo que me protege. La densidad de los líquidos es diferente y no se pueden mezclar. El agua debajo. Arriba el aceite. Unidos. Mientras que sigas así todo será tranquilidad, sensatez. La mirada teñida de rojo al acariciarme. Los líquidos no se mezclan aunque se tocan sin remedio por siempre jamás. La vida es completamente lisa, dibujada en un óleo de ojos rojizos.”

– Consuelo, ¿quién ha estado aquí antes?

– Un chaval joven. Se acaba de ir. ¿Por qué lo preguntas?

– Por nada, por nada.

No había terminado de hablar cuando una chica ha entrado en el bar. Sin mostrar una sola duda se ha dirigido hacía donde yo estaba. Y antes de que ella llegara ya había extendido el brazo derecho ofreciéndole la nota.

– ¿Me puedo sentar?

– Por favor.

Ha leído. Supongo que dos o tres veces. Me ha preguntado si yo lo había hecho. Sí, lo siento. Y ¿me puede explicar que cree que quiere decir? Me lo he pensado, dijera lo que dijera iba a ser un desastre. Con la verdad por delante se llega más lejos, pensé. Mira, eso dice que si le dejas no hay futuro, que eres justo lo que ha buscado siempre, que te ama.

Después de pedirme que le invitara a un café ha vuelto a la carga. Esto del color rojo ¿qué significa? Supongo que es lo que él ve en ti. Lo que es rojo representa la fuerza, el arrojo. Y eso mezclado con esa sensatez de la que habla te convierte en la parte que le falta. Eso creo. Pero no te obliga a nada que no quieras hacer.

Ha doblado la nota, la ha dejado sobre la mesa y se ha levantado dando las gracias por la invitación. Cuando alzaba la mano para despedirse se lo he dicho. Eres óleo colorado. Y él lo sabe, y sabe que está perdido, que no hay nada que hacer. Ha sonreído. Y ahora usted también lo sabe.


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