On the beach

Ir en verano a la playa puede resultar una actividad absolutamente terapéutica. Por ejemplo, alguien deseó siempre formar parte de una familia numerosa y no pudo ser; pues la playa tiene 25.000 padres y madres sobre su arena. Y 350.000 hermanitos y hermanitas con cubitos de plástico y todo. ¿Ven? Es superfácil. Otro ejemplo. Un individuo, siendo niño, quiso tener una sombrilla para protegerse del sol y tampoco pudo ser. No pasa nada. Va a la playa y resulta que puede pensar que las 72.000 que están allí son suyas. Nunca estuvo tan cerca de conseguir sus sueños. ¿No me digan que no resulta maravilloso? Amanece y te sientes solo. A las once de la mañana puedes formar parte de una gran familia. Algo apretadito. Eso es verdad. Aunque hay que pensar que toda terapia colectiva tiene inconvenientes.
Ir en verano a la playa puede resultar una actividad absolutamente terapéutica por más razones. Por ejemplo, olvidan en el hotel la crema protectora. No importa. Entras en el mar con elegancia (sin ella también puede ser) y ya estás protegido. ¿Para qué creen ustedes que está flotando esa capa de crema en el agua? Además, si quieres quitarte esa maravillosa capa de leche bronceadora y protectora (factor 6.980.990 si sumamos los factores de toda la materia acumulada) nadas 3.870 metros (este es el mínimo) en dirección al horizonte. Allí se te quita pasadas un par de horas mientras pataleas o flotas sin mover un músculo y los brazos abiertos. ¿Qué quieren ahora? ¿Regresar? Pues ya saben, 3870 metros a nado. Pero en dirección contraria. Eso no lo olviden.
Ir en verano a la playa puede resultar una actividad absolutamente terapéutica. Y sanísimo. El ejercicio que se realiza caminando entre las toallas ajenas intentando no pisar a nadie ni a nada es magnífico. Ese movimiento de cintura sólo se puede conseguir en un sitio así. Los primeros días pueden aparecer agujetas, pero desaparecen una vez de vuelta a casa. ¿Y las carreras sobre la ardiente arena? Esas rodillas arriba, una y otra vez. Ideal. No perder la piel de las plantas de los pies activa cualquier mecanismo físico y síquico de defensa. Estupendo. Todo en la playa es bueno.
Yo utilizo la playa para muchas cosas. Mi médico me dijo, durante la última consulta, que es conveniente mantener la mente activa. Conviene ejercitar la memoria. Ve a la playa, muchacho, e intenta encontrar tu toalla en menos de cuarenta minutos. Busca referencias, encuentra el camino. Eso fue lo que me dijo. Y eso hago. Hoy he logrado encontrar mis cosas en 30 minutos y algunos segundos. Todo una proeza.
Así que estoy en la playa. Disfrutando de lo lindo. Bien de la cabeza. Mejor del corazón. Y con la memoria en plena forma.


5 Respuestas en “On the beach”

  • Anónimo ha escrito:

    Jajajajajajajaajajajajaja!

    Ay, qué buen rato me he pasado. Me he hartado de reir.

    Un abrazo fuerte, Gabriel.

  • Carmen Neke ha escrito:

    La playa es lo mejor que hay cuando vives lejos de ella. Después, con ir una vez se te quitan las ganas para todo un año. Ese es el mejor beneficio de las vacaciones playeras, que luego hasta casi te alegras de poder volver al trabajo.

  • Edda ha escrito:

    Y con un sentido del humor de diez, jajajaja.
    Si es que os vais todos a la misma playa y no puede ser. Busca una cala, la tienes cerca, son de roca. Allí seguro que no va ni Dios. O sí, igual te lo encuentras 😉

  • merche ha escrito:

    juasssss… juas… que bueno…

    Muy divertido y refrescante… como el verano

    Un saludito y espero que lo estés disfrutando…
    vaya tela!!

  • Ana María Lozano ha escrito:

    Muy divertido y muy cierto… La playa muchas horas es una tortura, si está llena, pues eso. Y si no hay ni un alma (cosa casi imposible a no ser que llueva) parece que uno tiene mil cosas en casa que hacer antes que “ligar bronce” y meterse en un agua helada. Cosas de la edad, supongo, pues los niños disfrutan a tope.