Oscuridad

Ya es costumbre en Gimena Ramírez levantarse de madrugada, cargar con sus muñecas preferidas, correr por el pasillo y meterse en la cama con papá y mamá. Entre medias, acomodándose casi al instante. Hace bien mientras pueda seguir abusando de su condición de hermana pequeña entre tanto muchacho (sólo se lo permitimos a ella).
Los niños arreglan sus problemas con naturalidad. Bien llorando hasta que el responsable de lo que sea le soluciona el asunto, bien haciendo lo que les da la gana (saben que si lo hacen con una pizca de gracia nadie les pondrá pegas) o bien pidiendo clemencia a través de la zalamería (los niños lo hacen hasta que cumplen cinco o seis años, las niñas hasta que se hacen ancianitas). Arreglan lo que sea preciso. Con ayuda o sin ella. Sea fácil la cosa o sea imposible. Lo arreglan.
Los adultos no arreglamos casi nada. Lo intentamos, pero no hay forma. Siempre dejamos un último pensamiento que arrastre lo peor de lo que ha pasado para no olvidarlo. Después de firmar la paz o de conseguir algo del otro, justo cuando besamos al enemigo, pensamos en cómo nos encontraremos por un camino imposible de transitar. Los niños no llevan rencor en sus mochilas. A los adultos nos rebosan las nuestras.
Ya no tenemos la cama de papá y mamá preparada para que, en el momento de apuro que siempre genera la oscuridad, podamos acomodarnos entre ellos sabiendo que allí estamos seguros. El paso del tiempo hace que esa oscuridad se instale en los costados obligando a que caminemos por una senda trazada por otros, llena de hojas secas que nadie se paró jamás a recoger y que están allí desde que el mundo es mundo. Un paso en falso y estás perdido, sabiendo que el que perdone u ofrezca se llevará consigo una factura por pagar. La oscuridad del niño es esa donde no se ve. La nuestra, la de los adultos, es la que no se ve. Pero está.


3 Respuestas en “Oscuridad”

  • Núria A. ha escrito:

    Así es.

  • Edda ha escrito:

    Por más veces que recorras esa senda oscura, por más veces que hayas pisado la hoja equivocada, no aprendes. Sigues caminando con la esperanza de ver la luz, pero la oscuridad sigue ahí.

  • Celina ha escrito:

    Amigo-Escritor- Gabriel.
    Bello tu relato…, como la bella costumbre, de Gimena, en levantarse de madrugada con sus muñecas y meterse en la cama de papà y mamà…bello, que lo quieras compartir…, demasiado.
    Èse, es el padre que la bella vida le regalò a Gimena.
    Bien por ti…, por tod@s.