Otra mala tarde

Hay algo que me parece especialmente divertido. Una reunión de mujeres. Sí, eso, una reunión en la que sólo hay mujeres presentes. Evidentemente nunca he asistido a ninguna. Hubiera sido una reunión de mujeres y un hombre. Sin embargo me las puedo imaginar. Irónicas, descaradas, divertidas, inteligentes, ocurrentes (ellas), siempre cortas aunque duren un siglo (la reuniones).
A las que asisten hombres (sólo hombres) suelen ser diferentes. O tienes mucha suerte con los compañeros o eso termina siendo una enorme borrachera colectiva en la que los chistes obscenos hacen reír al más puritano de los beodos.
Todo esto puede parecer un estereotipo, es más, lo es. Pero me arrimo a él pensando que es una certeza.
Otra. Esto es el resultado de intentar dejar claro (ellos, yo) lo rudos y graciosos que son (somos), de explicar como conseguir fascinar a un número de mujeres imposible, de ser capaces (capaz) de beber una cantidad improbable de copas y de un buen número de estupideces delirantes. Por su parte ellas (todas, hasta las más sositas) tienen aprendido que no hay nada más ameno y divertido que el reproducir estas conversaciones (las de los hombres, las mías) y mofarse de ellas. Porque ni rudos, ni graciosos, ni fascinantes, ni buenos bebedores. Como mucho estúpidos con ellas (con las mujeres) la mayor parte de las ocasiones.
Ya sé que meter a todos los hombres en un mismo saco puede parecer injusto. Lo mismo pasa con las mujeres (no todas parecen tan estupendas como las pinto). Pero estoy hablando de grupos. Un hombre solo (solito, sin que otro le escuche o le vea) puede ser maravilloso. De hecho las mujeres se enamoran algunas veces. En grupo la cosa cambia. Se pongan como se pongan (me ponga).
Dicen que las mujeres leen casi el doble de tiempo que los hombres. Así que imagino que los pocos que estén frente a la pantalla del ordenador leyendo esto se estarán preguntando ¿a este tío que le pasa? Pues nada. No me pasa nada. Es que he estado con cuatro amigos tomando café y luego han seguido con las copas, con las historias estúpidas. Y vengo atacado. Atacadísimo.


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