Otra vida

El libro de relatos que más me reconcilia con la literatura (me suele enfadar con mucha frecuencia) es “Vidas Cruzadas” de Raymond Carver. Cuando dispongo de un rato para leer con tranquilidad le echo un vistazo, siempre comienzo mis cursos leyendo alguno de esos relatos, siempre que me pasa algo extraordinario lo recuerdo. Y hoy, mientras escuchaba lo que decían a mi alrededor, pensaba en cómo Carver trata el asunto del destino en cada relato de ese libro. Mientras, por ejemplo, Paul Auster, generalmente, hace del destino el eje de lo que le ocurre a cada personaje, Carver lo convierte en eso que, inevitablemente, cambia la vida de otros. Una misma cosa vista desde perspectivas diferentes.
Hemos estado comiendo con Araceli y su familia. Un día fantástico. Buen vino, buena comida y excelente compañía. Dulce, una jovencita encantadora de nueve años, se ha encargado de Gimena durante buena parte del día, Gonzalo ha terminado escapando con Alejandro, Guillermo y Judith para terminar de pasar el día en Santa Cruz (Laura, otra jovencita, escapó algo más tarde), Guzmán y Guillermo han disfrutado de lo lindo y el resto (los adultos) nos hemos encargado de ordenar el cosmos. Todos nos hemos visto acompañados por otros que hace apenas un rato no existían. Las líneas que se dibujaban en cada una de nuestras vidas se quebraron en un momento concreto para que modificasen sus trayectorias y se acercasen hasta unirse hoy. No cualquier otro día, no. Hoy. Es verdad que para que eso sucediera, hoy éramos uno menos. Es una triste paradoja que nos falte el nexo. La razón de ser del encuentro es, precisamente, una mala jugada que el destino le jugó y que nos metió a los demás en una espiral que nos ha llevado a un lugar inesperado en muy poco tiempo.
Durante mucho tiempo pensé que lo que me pasaba a mí era cosa mía y que si les afectaba a otros era porque ellos querían que así fuera. Con el paso del tiempo he aprendido que cualquier cosa que me ocurra es cualquier cosa que le ocurre al resto del mundo, que mis desgracias son las de muchos lo quieran o no, lo quiera yo o no, que una alegría se puede convertir en una enorme tragedia en el piso de abajo o que una desgracia se termina convirtiendo en una fiesta (la de hoy triste, pero fiesta al fin y al cabo).
A partir de esta tarde, los compañeros de viaje somos más. Y lo que nos suceda a cada uno será algo que vivamos todos. Queramos o no porque el destino nos había encadenado desde antes de nacer. Por eso todo lo que nos ha pasado lo terminaremos haciendo presente aún siendo pasado.
Hoy se han cruzado un puñado de vidas. Hoy se han quebrado un puñado de líneas para arrimarse entre ellas. Hoy hemos dejado que el destino hiciera su trabajo sin protestar, sabiendo que es inevitable, que lo era desde siempre.
Cuando ocurre algo extraordinario suelo leer algún cuento de Carver. Hoy no tengo un ejemplar a mano y no lo podré hacer. Supongo que es cosa del destino que me obliga a escribir en vez de leer. Y eso cambiará la vida de mis lectores que habrán estado delante de la pantalla del ordenador un par de minutos y por eso, sólo por eso, tendrán una vida diferente. Mínimamente distinta, pero otra.


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