Otro día que no suma

Guzmán no quería mojarse ni los pies. Si lo intentaba su madre decía que ni hablar; con sus hermanos lo mismo. Le debería parecer que la piscina era el Atlántico Norte. Algo así. Le agarré por los bracitos y le sumergí. Problema solucionado. Desde ese momento no quiso salir del agua. Qué tío. Cuando se ponía morado le sacábamos un rato. Llorando y gritando como un conejo. Dos minutos después salía corriendo en dirección a la piscina con intención de lanzarse al agua. Toda la familia detrás para impedirlo. Así toda la tarde.
Le suele pasar a todos los niños. Primero, un no rotundo, más tarde otro más terco para referirse justo a lo contrario. Mientras, padre, madre y hermanos, turnándose para no acabar haciendo ahogadillas a la criatura. Porque un niño en la piscina es lo más desesperante y agotador que conozco. Mejor compartir la carga.
Como no hay mal que por bien no venga (es este un refrán bastante inexacto) Gonzalo aprovechó para enseñar a Guzmán cómo podía flotar con su manguitos sin tragar los seis o siete litros que acostumbra. Algo es algo.
Da gusto ver al mayor ejerciendo con el pequeñajo. Pelea con él mucho tiempo y se adoran. Guillermo es algo más descuidado. Nada que no se resuelva al sumar años. Ya veremos lo que pasa cuando llegue al mundo la pequeña Silvia. Entre tanto muchachote el futuro es incierto.
Me encontré con varios amigos. Viejos amigos. Una extraña sensación esa de comprobar cómo el paso del tiempo deja huella en otros. Es la única forma de ser conscientes de algo tan simple como que nos pasa lo mismo a todos.
¡Qué mayor te veo, coño!, les decía. Pues a mi me pasa lo mismo, amigo, contestaron unos y otros. Sigues siendo un envidioso, les decía sonriendo. Y tú continuas viviendo en las nubes ¿Es que no te miras al espejo? Sí, claro que lo hago, pero procuro no maltratarme y suelo contarme una milonga para pasar el día lo mejor que puedo. Apretones de mano, charlas recordando la juventud, preguntas sobre fulano, sobre mengano, y el paso de los años convertido en niños que reclaman la atención de sus padres dentro de la piscina.
Hoy después de ducharme me he mirado al espejo con la intención de no contarme una mentira. Me he puesto muy serio. Observando cada detalle. Y nada. Que yo me veo muy bien. Que el tiempo les está pasando factura a los demás. Que no me intenten meter en el mismo saco porque no cuela.
Y es que hay que ser objetivo en esta vida. Sobre todo eso. Objetivo.


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