Otros premios

Me he encontrado en mi cuenta de correo electrónico un mensaje bastante peculiar. Mi amigo Ramón suele enviarme cosas como esta. Me hacen ver la otra cara de las cosas y son bienvenidos.
Se trata de un fichero repleto de fotografías que muestran a tres señoritas tumbadas en sendos tableros (participantes en la finalísima del campeonato del mundo de penetraciones; sí, sí, como suena) practicando sexo con setecientos tipos que esperan haciendo cola (nunca mejor dicho). Excepto tres que ya son participantes de pleno de derecho en ese certamen, claro está. En la fila pueden verse hombres altos, bajos, pelirrojos, feos, muy feos, con caras estúpidas, con cara de ansia, con la mirada perdida, con antifaz, sin antifaz, uno con una bolsa de basura en la cabeza para no ser reconocido y cualquier cosa imaginable dadas las circunstancias. Eso sí, todos con la misma camiseta que, supongo, regaló la organización del evento. Una pena que no entregasen calzado estándar a todos ellos porque unos con deportivas, otros descalzos y los de más allá con zapatos y calcetines hasta las rodillas, es poco estético. La ganadora consiguió seiscientas y pico penetraciones en algo más de siete horas. Nuevo record del mundo. Increíble, absurdo y, desde luego, bastante asqueroso el asunto. Nada novelesco.
Sin embargo, cualquier patochada de este calibre puede obligar a pensar. Al menos a formular alguna pregunta. A mí se me ha ocurrido una: ¿Serán capaces de batir el record del mundo de penetraciones en el próximo certamen? Tanta tontería no da para más.
Disculpas, pido disculpas. Ya sé que este espacio está reservado a las reflexiones literarias, pero no he podido resistirme. ¿Sabrán perdonarme?


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