Pasen y escuchen, mis queridos cobayas

Leo que la música produce las mismas emociones en todo el mundo. Muy bien. No sé la cantidad de dinero que han invertido en este estudio aunque se lo hubieran ahorrado si hubieran preguntado a un par de personas con sentido común. Si a un adolescente occidental le ocurre eso (que siente algo) significa que es posible cualquier cosa en cualquier lugar del mundo y a cualquier individuo. Lo sé por experiencia. Tengo uno en casa, al que se pega un preadolescente (su hermano) y trabajo con adolescentes, preadolescentes, postadolescentes y adolescentes eternos.
Hagamos una prueba. Conecten los altavoces de su equipo informático. Esperen a estar tranquilos unos minutos. Pulsen el icono correspondiente y escuchen este tema de Keith Jarrett. It´s All In The Game. Si tienen suelto por casa algún adolescente intenten que haga lo mismo. Si no hay ninguno cerca, sirven abuelas, niños chicos o animales de compañía. Anoten lo que quieran decir una vez que finalice la ronda de audiciones y dejen su mensaje. Luego veremos si estos señores han gastado su dinero en algo útil o, si por el contrario, lo han malgastado.

Ya sé que el experimento con los mafá de Camerún es algo diferente. Lo sé. Pero también sé que en un pueblo de doscientos habitantes elegido al azar habría algunos vecinos más raros que estos mafa y un contacto con la cultura occidental casi nulo. Es decir, como prueba piloto no está mal. Vamos a suponer que estamos en ese pueblo, que somos raros, etc.
Y esto es gratis, señores investigadores. Gratis. Como lo oyen.


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