Pasta 30 Ideas 0

España, nos guste o no reconocerlo a los españolitos, es un país que se mueve, en gran medida, alrededor de la picaresca, de la trampa y del engaño. Allá donde mires tenemos un chorizo dispuesto a cualquier cosa a cambio de realizar el mínimo esfuerzo posible. Es decir, como en todos los países desarrollados o en vías de estarlo. Vestirán mono de trabajo o un traje a medida (eso ya no diferencia a unos de otros), pero estarán al acecho. Toda la ideología de siglos se ha quedado reducida a una sola frase. Sálvese quien pueda. Y, da la casualidad, la ideología es lo que construye al ser humano, es lo que dibuja su futuro. Si no hay nada en la cabeza no hay nada que rascar.
Piensen, por ejemplo, en que el poder de concentración de Lady Gaga es infinitamente mayor que el de el mejor de los pensadores que andan sueltos por el mundo. ¿Saben el nombre de alguno de ellos? Y, como alguno de ustedes lo estará pensando, les diré que el ejemplo del Papa Benedicto XVI y sus legiones de jovencitos bandera en ristre no sirve. Eso de viajar de punta a punta del mundo por doscientos euros con el alojamiento, la comida gratis y el espectáculo incluido, concentra al más reacio. ¿Cuántas personas irían al próximo concierto de Lady Gaga en las mismas condiciones? Muchos más que los que invadieron Madrid rosario en mano.
El pensamiento no vende. El pensamiento es un valor en el que nadie invertiría un céntimo. Como, ahora, alguno estará pensando en las universidades llenas de gente, les diré que tampoco sirve de ejemplo. Allí, los estudiantes buscan, en su mayoría, conseguir un título que les permita conseguir un trabajo estable y bien remunerado. Sobre todo bien remunerado. Lo de pensar es algo un poquito más lejano.
Tener ídolos o conocimientos técnicos no nos hace más inteligentes. No pensamos más o mejor. Lo que hacemos es pensar en una cosa muy concreta, de forma distinta. Las ideologías ni se compran ni se alquilan. Lo único que se puede hacer con ellas es perseguirlas y pensarlas. Sin recibir nada a cambio. Y eso, tal y como está el patio, es un trabajo que nadie quiere.
Estamos muy perdidos. No hay faros en las cabezas que nos indiquen el camino. Y las luces propias están fundidas o colocadas para amenizar la fiesta que toque. Un auténtico desastre por el que pagaremos muy caro no tardando mucho.
Por eso, intentamos pasar por la vida lo mejor que podemos. Tratamos de salvarnos de la quema sin mirar a los lados, sin pararnos a pensar en los demás, pase lo que pase. La conciencia nos queda reluciente porque, claro, no pensamos ni tenemos una ideología por cutre que sea a la que agarrarnos. Si para sobrevivir hay que engañar se engaña. Todo vale. ¿Para qué pensar con lo costoso que resulta y lo incómoda que nos hace la existencia? Tomar atajos es gratis y si la jugada sale bien te pones a nadar en la abundancia al rato. Apenas un poco de imaginación y, voilà, ya eres un pillo con fortuna. Con buena fortuna.
Lo trágico es que cuando se ha robado todo el botín no tenemos nada a mano para seguir con la operación. No tenemos nada para poder echar el guante. Lo penoso es que a eso lo llamamos crisis. Y lo patético es que nadie hace nada porque todos sabemos que, de una forma u otra, hemos colaborado en eso de robarnos el mundo a nosotros mismos. En eso y en quedarnos con las cabezas vacías de ideas. Lo de la pasta igual se puede arreglar, pero lo de las ideas… En cualquier caso y de momento, la goleada es clara.


1 Respuesta en “Pasta 30 Ideas 0”

  • Antonio ha escrito:

    la pasta es menos que efímera, un símbolo desvirtuado, una ilusión mal vendida al peor postor, pero las ideas están ahí siempre, aunque no pensemos en ellas, la pasta ni sabe estar, la verdad es, no es cuestión de números, si por número es está claro que la pasta siempre gana porque la conciencia es incuantificable, eso sí, cuidado con esto, porque podemos ser capaces de pensar pero por eso mismo muchas veces somos incapaces de hacer nada inteligente, como pensar, nos confiamos en el fondo porque sabemos que sabemos, y aplicado al caso sabemos que sabemos que la cosa está mal, y así, sabiendo que sabemos y haciendo saber al otro que sabemos que sabe que sabemos que sabemos y tira de la palanca de las entendederas y sigue, nos perdemos en el abstracto y no nos enteramos de ná, por liberación de entendederas nos damos al sencillo vicio de encontrarnos en el objeto, en lo material y transitorio. En el mahabharata (que parece musulmá de rebajas pero es un libro mú bonito) una especie de dios pregunta a otra especie de dios para así poder resucitar a sus amigos muertos y desperdigados, “cuál es la maravilla de las maravillas?”, y el tío responde a los pies del lago donde sus amigos yacen, “saber que vamos a morir y aún así sentirnos todos los días inmortales”, más o menos esas fueron las palabras, y sí, estoy deacuerdo, esa es la maravilla de las maravillas, pero lo cierto es que no nos maravillamos de este tipo de pensamiento, porque como siempre hacemos gracias a esta máquina de deducción y, en consecuencia, obviamiento consentido (no sé si engañados en la idea de que así ahorramos energía) que llamamos cerebro, cosificamos el hecho de ser un dios, sencillamente sentimos que lo somos y actúamos en obvia consecuencia, ególatras, egoístas, egomaníacos, en fin, seres con complejo de dioses, un tipo de dios barato (no sé si engañados en la idea de que así ahorramos energía). Un dios ha de ser la suprema humildad, y debe ser que en algún momento erramos en las cuentas y no hemos caído todavía en la cuenta, pero estamos cayendo por eso aunque la pasta, aunque lo material, efímero y, por ello en obviada consecuencia, cuantificable, sume más, la máxima unidad, lo realmente valioso y valedero, es lo que nunca tenemos en cuenta, ¿hacemos bien porque no se puede contar?. Es mejor que dejemos de pensar con las palabras, con los números, y reconozcamos de una vez por todas la mayor obviada inteligencia de todos los tiempos: que se piensa con las ideas.
    Para mí el cero es el máximo, partamos de él (pero no lo partamos que malgastamos energía).