Pasteles, ideas y centrifugado

Hoy muchos se han repartido un pastel enorme que a otros muchos les importa poco o nada. Han votado la mitad de las personas que podían hacerlo y estamos hablando de millones de votos. Aunque a los del pastel no les importa ese dato y sí la parte a la que tocan.
Ya está repartida la cosa. Menos mal.
El movimiento de votos desde los partidos mayoritarios a otros con poca representación se ha producido con cierta fuerza. Era el primer objetivo que se perseguía desde siete días atrás. Siete días es muy poco. Pero nos queda todo el tiempo del mundo para poder ir corrigiendo cosas en los sistemas a base de pensar, a base de sentir que el mundo es nuestro le pese a quien le pese. Nos queda la historia entera. Sólo los que resistieron alcanzaron lo que deseaban. Y nadie dijo nunca que esto fuera cosa fácil. Que se vayan comiendo su pastel mientras nosotros pensamos la receta del nuestro.
Sería un gran error tomar como referencia los datos electorales para valorar lo que está sucediendo. Los miles de personas que siguen ilusionados con un mundo mejor no han pintado nada en los parlamentos ni en los ayuntamientos ni en ningún sitio. El colmo de la hipocresía pasa por decir que esto es un fracaso de un movimiento social que no ha querido saber nada de partidos políticos. Y ya se está anunciando desde los medios de comunicación. Ahora resulta que sólo van a tener en cuenta a las personas sin trabajo y sin futuro para recordarles que han perdido no sé qué. Señores, repartan ustedes su juguete, procuren no estropearlo en exceso y aguarden a que lo de las plazas de toda España vaya madurando.
La ilusión, las ideas, el entusiasmo al pensar un mundo mejor o los valores nobles que se manejan dentro del movimiento del 15-M, están mucho más allá de las poltronas. Millones de votos no son nada comparados con un par de docenas de mentes claras que sepan qué es lo que hay que hacer con ellos. Esos millones de votos de ventaja son una verdadera tortura, una invitación al miedo para el que los consigue. Al mismo tiempo que los celebran comienzan a pensar en cómo no perderlos. Es lo bueno de las ideas. Cuando las tienes jamás las pierdes.
Vuelven a sonar miles de voces en toda España. Ajenas a tanta alegría y tanta desdicha entre los políticos. En nuestras plazas no se suman votos. Lo que se suman son ideas que se amontonan buscando una estructura ideológica lejana a la establecida. Viva, chispeante, amable. En nuestras plazas lo que se cuece es el futuro de todos y no el futuro de los mercados financieros gobernados por unos pocos. En nuestras plazas sigue habiendo personas. Sin embargo, en los medios nos han convertido en numeritos que se traducen en poder para unos u otros. Suenan miles de voces y seguirán haciéndolo los próximos días, los próximos meses.
Esto no iba con nosotros. Lo nuestro es un mundo mejor en el que quepamos todos. Sigamos llenando la plazas de toda España. Esto acaba de empezar. Ahora queda lo verdaderamente difícil. Aguantar hasta conseguir lo que deseamos.
Hoy, mis dos hijos pequeños han paseado con sus padres por la Puerta del Sol de Madrid. Disfrutando de lo que veían, de la amabilidad de los voluntarios que les ofrecían agua cada dos por tres para que soportaran el calor, con el número de teléfono de su madre apuntado en la manita por si se perdían (nunca estuve más tranquilo en mi vida sabiendo que si eso ocurría alguien llamaría treinta segundos después), leyendo los carteles, mirando los dibujos de otros niños que ya habían pasado por allí. Han vivido, por primera vez en sus vidas, entre personas que se importan unas a otras. Pero de verdad. Nada de interpretaciones. Mi deseo es que puedan hacerlo por mucho tiempo, que puedan decir un día que ellos estuvieron allí, que el mundo cambió a partir de entonces.
Cada cual a lo suyo. Unos con sus pasteles, otros con sus ideas. Unos interpretando el mundo a base de talonarios, otros inventando una vida nueva.
Pulsemos la tecla de centrifugado que tenemos en la cabeza. Necesitamos millones de ideas y sólo así podemos enfrentar el futuro.
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