Pecados capitales (VI)

– Llevan tres días encerrados sin salir de la habitación. La que lían cada noche.

– Eso es lujuria. Vaya par de sinvergüenzas. No quiero que nadie se entere de lo que está pasando aquí. ¿Me entiendes?

– No creo que sean sinvergüenzas, madre. Están recién casados y recuperan el tiempo perdido. Su vida entera comienza ahora. Y a nadie le interesan estas cosas. Por eso no te preocupes.

– Unos guarros, eso es lo que son. Pecadores. Un hombre y una mujer sólo deben encontrarse para procrear. Y sólo para eso. Lo que estos dos hacen es una guarrada.

– Si es así, si todo es una enorme guarrada, es que lo están haciendo bien, madre.

– No seas descarada. Esos pensamientos son el germen de la lujuria, del pecado. Parecéis animales. Yo sólo me entregué a tu padre en silencio y en la oscuridad. Por amor.

– ¿Y dices que fuiste feliz? Mentir también es pecado, madre. Uy, ya empiezan otra vez. Vaya con el niño. Parecía una mosquita muerta y mira.

– Me estáis matando entre todos.

La muchacha se levanta y camina hasta el cuarto de baño. De los tres, elige el de la planta alta. Desde allí puede escuchar. Habrá que recuperar el tiempo perdido como pueda, murmura.


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