Pensando en lo que quieren

Ya dije hace mucho tiempo que alguien estaba empeñado en montar una fiesta a la que sólo algunos quieren ser invitados. No son pocos, pero tampoco son todos. A esta casa no han llegado invitaciones. Ni llegarán mientras que la música de fondo sea una especie de ópera apocalíptica en la que los villanos se inventan desde la información parcial, un libreto surrealista se escribe desde la opinión histérica y la partitura simplona se escribe desde la resonancia de marchas militares. Ya lo dije.
Nunca he creído en los políticos. Ahora menos que nunca.
Me he preocupado de echar un vistazo a los libros de historia de mi hermano. La situación política durante los años anteriores a nuestra guerra civil no era muy diferente a la que vivimos en la actualidad. La gran diferencia es que en aquel momento había hambre y miseria por todo el país, el nivel de alfabetización era irrisorio, el poder de los militares era enorme, el de la iglesia se tambaleaba y el resto del mundo estaba a punto de estallar. Ahora vivimos cómodamente (al menos la gran mayoría de una masa que apuesta desde hace años más por su hipoteca que por su propia vida), hemos llegado a un nivel de alfabetización tan grande que el más tonto cree ser un gran intelectual, el ejército está lleno de personas que buscaban un primer empleo y se ha convertido en el hazmerreír de Europa, el poder de la Iglesia reposa en los bancos (no en el de sus templos, no. En la banca) y el mundo ya no puede estallar porque si lo hace se acabó lo que se daba. Una guerra civil parece imposible. Aunque más de uno la iba a disfrutar de lo lindo.
Asistimos al espectáculo más vergonzoso (político, social y religioso) de la historia reciente de España.
Los políticos perdieron por el camino esa ideología que les convierte en sujetos útiles para el país. Eso si alguna vez la tuvieron. Sospecho que muchos de ellos no se han planteado nada más allá de su cuenta corriente. Así que pueden ir borrándome. Ya he tenido suficiente. Llegado el momento, iré a votar como hago desde que tengo la posibilidad de hacerlo (son muchos los que murieron para que pudiera ser así y eso no es ninguna broma) aunque estoy dudando si mi voto será para los Hermanos Calatrava o para Nina Simone. Lo que tengo muy claro es que no será para esta banda de cretinos.
Y, por supuesto, que me borren los curas. Me he declarado católico una y otra vez. Desde hoy me quedo en cristiano. El día que la Iglesia se dedique a lo que debe me lo volveré a pensar. No quiero saber nada de curas beligerantes, de curas que utilizan el púlpito para hacer campaña a favor del partido que les tiene prometido el oro y el moro, no quiero tener que levantarme del banco de una iglesia indignado porque un imbécil apunta con su dedo (tan humano como el mío) a los que piensan de forma diferente. Yo creía que se trataba de otra cosa, que se trataba de hacer del mundo algo mucho mejor. Es lo malo de depender de los banqueros y de los políticos, de poseer una emisora de radio que está llevando las cosas a unos extremos ridículos (alguien debería decir a los obispos que estas cosas se pagan y que las iglesias se vacían por algo, que la falta de vocaciones obedece a razones humanas (no sólo divinas) y que la falta de dignidad cristiana convierte a la Iglesia en una caricatura). Qué vergüenza. Y qué pena.
Menudo espectáculo están dando entre todos.
Me pregunto si la gente que acudió ayer a la manifestación en Madrid se plantea seriamente por qué lo hace, por las razones que les hacen acudir a una cita así. Espero que sí. Igual que espero una mínima reflexión por parte de los que se quedan en casa.
Los que me temo que estarán partiéndose de risa son los terroristas y los que tienen detrás. Supongo que pensarán que hay que esperar, que poner más bombas es absurdo porque con un poquito de suerte nos liaremos a tiros entre nosotros. Aunque, por suerte, son muchas las hipotecas por pagar y, hasta que eso no quede liquidado, aquí no se mueve nadie. Es lo malo de depender de los banqueros. Son los que mandan y serán ellos los que decidan. Nos pasa lo mismo que a los curas. Igual, igual.
Esto es un disparate. Cada cual acercando el ascua a su sardina. Aunque la sardina sea de goma y el ascua de cartón piedra.
Voy a escuchar “La Traviata” de Verdi. Hace tiempo que no lo hago y me apetece disfrutar de la voz de María Callas. A ver si tengo suerte y dejo de pensar en lo que quieren los demás para poder dedicar el tiempo a lo mío.


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