Perdón

Perdonar y poner condiciones al mismo tiempo es pedir una rendición al otro. Condenarle a sentirse derrotado por siempre jamás.
Si el daño es grande, si roza o agrede lo más sagrado e íntimo del individuo, el perdón se transforma en un camino inseguro lleno de meandros que no dejan ver con claridad el final a nadie. Un eterno conflicto. Y, si hay condiciones que obligan a un cambio con el que se paga ese perdón, es la intimidad del otro la que se ve afectada. El sendero se llena de encrucijadas, de trampas ocultas para cada parte. El perdón se convierte en dolor, en un bucle que arrastra cualquier posibilidad de paz.
Perdonar debe teñirse de olvido. Perdonar exige que la importancia resida en el futuro, en la negación de una batalla ganada o de la guerra perdida. De otro modo, lo mejor es retirarse. Un perdón mentiroso lo que provoca es más daño, otro cadáver. El que no sabe perdonar está tan muerto como el que dañó y no es perdonado.


1 Respuesta en “Perdón”

  • Edda ha escrito:

    Cuando el daño es importante y no puedes imaginar el futuro sin esa persona, perdonas, olvidas y sigues adelante. Si no la quieres en tu futuro, no puedes perdonarla y sí, es mejor retirarse.