Primer día de campamento

Gonzalo y Guillermo se han ido. Campamento de verano. Felices. Los padres y el joven Guzmán no tanto. El resto del año quejándonos de lo pesados que son y ahora extrañándolos. Ya me lo habían advertido. No hay mejor cosa que escuchar a los padres veteranos en lo que sea. Suelen tener razón. Aunque son quince días. Lo podremos aguantar.
Para ir tirando escucharé un excelente disco de Buddy DeFranco y Oscar Peterson (interpretando la música de George Gershwin), escribiré cuando Guzmán se acueste y me intentaré enterar de cómo se llamará el bebé que viene de camino. Silvia duda, pero menos que ayer. Las últimas noticias son que las chicas tienen el mismo derecho a formar parte del club de la letra g. Tanto como los chicos. Así que la jovencita se llamará Gimena. Un nombre muy bonito.
Siento que la casa está vacía. A pesar de las carreras tristes de Guzmán que va a la alcoba de la hermanos preguntando por los nenes. Y me vienen a la cabeza unos versos de Antonio Martínez Sarrión que seguramente dedicó a su esposa.

“Los demás tienen prisas y negocios
y tratan de llegar pronto a una cita
para que esta demencia continúe.
Yo no te tengo más que a ti.”

Yo los tomo prestados para pensar en ellos. En los dos que tengo disfrutando de sus amigos, en Guzmán que acaba de despedirse porque se va a la cama, en Gimena que, aún sin haber nacido, me hace pensar en cómo demonios seré capaz de hacer trenzas llegado el momento.
Hoy se han hecho algo más mayores. Y yo un poco más viejo.


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