Pruebas

Cinco años, tres meses, dos días, doce horas y veinticuatro minutos después.
Entro y me quedo inmóvil. No tengo claro dónde tengo que mirar. Espero mostrando tranquilidad. Al menos eso es lo que deseo que parezca. Nadie se da por enterado; tal vez nadie espera a una mujer. No muevo un músculo. No pienso hacerlo salvo que sea preciso. Han pasado quince segundos, creo. Dos opciones. Esperar algo más o escapar inmediatamente. Nadie se ha fijado aún. Dos malas opciones. Piensa, piensa; rápido; necesitas una solución.

– ¿Estás con la novela?
– Intento acabar el encuentro entre ambos. Pero no termina de gustarme. No creo que el personaje tenga esa calma que intenta dibujar a toda costa.
– Menuda cosa. Descríbela en plena histeria. Así de simple.
– ¿Y convierto esto en una tragedia? No era mi intención.
– Eres igual de pesado con tus personajes que con tus hijos. Deja que respiren. Por cierto, Gimena tiene un cumpleaños el sábado.

Cinco años, tres meses, dos días, doce horas y veinticuatro minutos después.
Entro y me quedo inmóvil. No tengo claro dónde tengo que mirar. Espero mostrando tranquilidad aunque el labio inferior comienza a temblarme. No puedo disimularlo. No puede ser que no esté aquí. No quiero llorar. No. Hijo de puta. Si me vuelvo con delicadeza nadie se fijará. Así, así, tranquila. Ojalá llegue ahora y pase por lo mismo que yo. Ojalá acabe pidiendo una copa en la barra que le destroce más el hígado; mirando a los lados para comprobar que es él quien está solo. Cabrón. Nadie le querrá como yo. Nadie.

– No te vayas. Espera un momento. Lee esto, anda.
– Te lo he dicho muchas veces. Ese tío nunca la quiso. Se le ve el plumero desde la primera vez.
– ¿Cómo? Pero si es ella la que narra.
– Me refería a ella. Se lo inventa todo, no quiere asumir la verdad.
– Creo que voy a revisar todo. Desde el principio.


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