Pues me sumo a esto del día del padre

Ser padre es no olvidar que fuimos jóvenes y quisimos estrellarnos sin la ayuda de nadie, que creímos en algo y peleamos contra todo y todos por conseguirlo. Ser padre es tener memoria suficiente como para comprender.
Ser padre es ser la mejor versión de una parte de la pareja. Sin amar incondicionalmente a la otra mitad que acompaña en el viaje se hace imposible una paternidad responsable que sirva de referente al hijo. Un hijo que pensó, piensa o terminará pensando que fuimos o somos una especie de héroes incomprensibles. Héroes que saben volcar lo mejor sobre lo que les rodea.
Ser padre es no aspirar a nada que sea ajeno a la familia. El proyecto personal es el proyecto familiar. El beneficio propio es, siempre, compartido.
Ser padre es desarrollar un instinto de superviviencia casi invencible. Nada puede pasar que desestabilice a la familia. No hay tiempo para enfermar, no hay tiempo para morir. Cuando eso ocurre muchos mundos se derrumban y no podemos consentirlo.
Ya sé que todo esto roza lo utópico, lo excesivamente lírico o casi cursi. Pero yo no organizo estos festejos tan cacareados. Me sumo porque, al fin y al cabo, soy padre y esposo. Además, para un día que tengo al año en el que puedo tomarme la libertad de decir estas cosas, no voy a desaprovecharlo. Mañana sólo lo pensaré.


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