Pura vanidad

Todos somos vanidosos. Mucho, bastante, infinitamente o de forma preocupante. Desde que nos levantamos, hacemos lo que sea necesario para gustar, para agradar, para enamorar, para cualquier cosa que nos permita afianzar el ego. Además, sin recibir nada a cambio. Porque la vanidad es una actitud estúpida. Se puede llegar a criticar para que deje de gustar otro y así gustar el maledicente. Todo vale si la actitud, sea cual sea, está movida por la vanidad. Los grandes errores que conocemos, cometidos por personajes históricos durante los años que la humanidad lo ha sido, están rodeados de vanidad.
Eva; sí, la compañera de Adán; ya mordió la manzana arrastrada por una vanidad incontrolable. Quería ser como Dios y trató de tomar un atajo. Claro, se la llevó al huerto el mismísimo diablo que de miserias humanas sabe un rato. Tanto quiso ser adorado Alejandro Magno que terminó destrozando el futuro de un imperio. A Napoleón le ocurrió lo mismo. Queremos que todo sea adoración, queremos que se vea de nosotros esa parte única que nadie más tiene. Aunque no la tengamos y la construyamos de forma artificial.
Entre otras cosas, yo escribo por pura vanidad; visto un traje con un corte determinado por la misma razón; si ayudo a los pobres busco, además de la ayuda en sí misma, dejar un buen sabor de boca en el que observa. De alguna forma, queremos terminar muertos de forma vanidosa. ¿Quién no quiere dejar un recuerdo maravilloso en este mundo? Hasta los peores soñamos y deseamos algo así.
¿Por qué un presidente de gobierno no dimite aunque esté rodeado de corrupción por todos los lados? Nadie quiere que se le recuerde como un mangante. Aunque lo sea. Pura vanidad. Si, por ejemplo, un banquero ladrón ingresa en prisión (antes pasaba aunque parezca mentira) ¿qué es lo primero que hace cuando sale a la calle? Intenta demostrar su gran valía. Vanidad pura. Monta un partido político, escribe un libro o va a un plató de televisión a dar clases de moral. Vanidad. Cuando alguien se separa de su pareja ¿qué hace antes o después? Buscar su yo, afianzar el ego, en lo que la nueva pareja representa.
Todo esto lo disfrazamos de amor, amistad o lo que sea. No es que esas cosas no existan. Claro que existen, pero siempre acompañadas de la dosis correspondiente de vanidad.
Busco explicaciones a diario para entender lo que vivo. Siempre termino topando con lo mismo. Por ello, pienso que, tal vez, tenga más razón de lo que a muchos pueda parecer.
Por cierto, está usted negando con la cabeza al leer. Lo hace por vanidad. No quiere usted pensar en lo que pasaría si es verdad lo que digo y se enteran los que tanto le admiran. ¿Lo ve? Pura vanidad.


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