Razones por las que escribo (I)

Me considero desde hace años una persona emocionalmente frágil, con cierta tendencia a deprimirme profundamente aunque de forma pasajera, peligrosamente receptivo con los estímulos exteriores que me pueden lastimar y poco hábil a la hora de resolver problemas personales. Es decir, necesito que me quieran. Si no es así, si no siento que alguien se ocupa de mí (mucho), puedo terminar en un sanatorio con cierta facilidad y mucha rapidez.
Cuando uno es un tarado espera, por ejemplo, recibir un email diario de alguien que se interesa por tu estado de ánimo, una llamada telefónica de alguien querido que tan sólo quiere charlar un momento sobre cualquier tema sin importancia, que un viejo amigo se acuerde de ti y se ponga en contacto para recordar los buenos tiempos, que algún gilipollas también deje una perlita dedicada en tu blog para liarte a guantazos con él. En definitiva, que parezca que no estás en el mundo pintando menos que poco.
Sospecho que, entre otras cosas, es por esto por lo que dedico parte de mi tiempo a escribir. Siempre he pensado que la relación que se establece entre el lector y el escritor es mucho más íntima que la que puedes tener con el panadero, el conductor del autobús o un amigote con el que te pones hasta las trancas de cerveza. Alguien abre tu libro, lo lee y piensa sobre lo que un buen día escribiste con una intención muy concreta. Es posible que, incluso, pueda llegar a pensar en el autor. ¿Qué le llevó a tener esta idea? ¿Estará tan loco como sus personajes? ¿Cómo puede escribir esto si no le pega ni con cola? Cosas así.
Como no suelo recibir correo alguno en el que se interesen por mi estado de ánimo, ni los viejos amigos me llaman por las buenas sino porque siempre quieren algo (queremos algo), y no tengo a mano un imbécil con el que discutir de lo primero que se me ocurra, me voy a conformar con pensar que usted, amigo lector, tiene con este autor un vínculo de lo más íntimo, especial o como quiera llamarlo.
Qué fácil es librarse del sanatorio. Unas palabritas y se soluciona el problema. ¿Ven qué fácil?


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