Reflexión imperfecta sobre las lamentaciones

Los efectos de la crisis son múltiples. Algunos de ellos más que evidentes. Nóminas raquíticas con el paso del tiempo, quiebras empresariales, individuos desesperados por la falta de empleo, grandes cantidades de dinero que vuelan a paraísos fiscales y, también, enriquecimientos sospechosos. Otros efectos sabemos que llegarán. Servicios públicos en manos de corporaciones privadas, menos calidad en lo que quede de la enseñanza privada y falta de oportunidades para los más pobres (es decir, de casi todos). Injusticias, falta de solidaridad y cosas así. Si estos nos parecen ya una evidencia no quiero pensar en lo que nos tocará vivir en el futuro. Pero hay otros efectos que han llegado, que son terribles aunque parecen no estar.
Este texto nació de unas notas que tomaba mientras escuchaba el ruido del motor de un helicóptero. Iba y venia de la costa a la ladera de una preciosa montaña de la isla baja de Tenerife. Llevaba colgando un depósito de agua. Intentaban apagar un incendio que se llevaba por delante una de las zonas más bellas que yo conozco y en las que he pasado muchos buenos momentos. Un helicóptero. No debía haber presupuesto para más. Pasados un par de días llegaron más. El viento era fuerte y ponía las cosas difíciles. Pero lo peor de todo era la dejadez (por falta de presupuesto, supongo) de los responsables durante meses atrás. Si no se intentan evitar los incendios, finalmente, se producen. Y los efectos se multiplican. Hay que limpiar el monte, diseñar y construir los cortafuegos. Pero sólo hay dinero para los bancos y para salvar de la cárcel a los despilfarradores. ¿Recuerdan una campaña de publicidad en la que se escuchaba una cancioncilla que decía todos contra el fuego, todos contra e fuego, laralalalalalaaaa? Ya no existen campañas que eduquen a los ciudadanos, que nos hagan conocer los problemas a los que nos enfrentamos. Y eso, también, evita incendios. Ya no se hace nada que no sea recortar presupuestos. ¿Es esto gobernar un país?
Pensaba en otros efectos de la crisis mientras se quemaba Tenerife, La gomera, Cabañeros, Ourense… Mientras, un político metido a moralista decía que un feto con malformaciones debe nacer sea cual sea la opinión de la mujer. Supongo que no le importará a este elemento tener a todos esos niños en su despacho de ocho a cinco. Miraba el helicóptero y pensaba. Las campañas que advertían a los jóvenes sobre las consecuencias de mantener relaciones sexuales sin tomar medidas preventivas frente a un embarazo no deseado han desaparecido. Aquí todo lo bueno ha muerto. A cambio buscamos lo rentable. Este ministro buscaba, sin lugar a dudas, fidelizar a sus votantes. Eso es rentable. Y no, lo que hay que hacer es educar para que se eviten tragedias como la de abortar y dejar a las mujeres que decidan sobre algo que sólo les incumbe a ellas. Nunca será cosa de los chicos que se llenan la boca de falsa moral que no es otra cosa que un lavaconciencias. Alguien debería advertir a toda esta purrela que no hay jabón para limpiar esas cosas. Sin embargo, el dinero se utiliza en otras cosas. En lo que digan especuladores, corruptos y personajes que dan risa. Lo que diga el populacho no cuenta. ¿Es esto gobernar?
El humo protegía el contorno de las montañas que protegen el Parque Natural de Teno. El azul se teñía de blanco y las líneas se difuminaban.
El mundo se sostiene sobre las pequeñas cosas. Aunque ahora nos digan que no, que todo es enorme, que todo funciona con elementos escoltados por el prefijo macro, el mundo se agarra a las personas, a la ética, a la moral, a los miedos, al riesgo de unos y la prudencia de otros. El mundo es un escenario en el que el ser humano y su pequeñeces pueden sobrevivir. El resto es cosa de codiciosos y personas que no saben lo que son los escrúpulos.
Los efectos de la crisis son muchos. Los que más acusaremos serán los que tengan que ver con nosotros, con nosotros como personas. La falta de formación, la falta de una moral que nos acompañe, la de una ideología (¿qué ha sido de nuestro sentido solidario? Recuerdo a todos que la solidaridad es una ideología como otra cualquiera), la falta de humanidad. Si continuamos atendiendo a lo que dicen los medios de comunicación, si escuchamos lo que dicen los políticos como si estuvieran inventando el cosmos y dando por buenas las tonterías que llegan a decir, si seguimos teniendo miedo y asumimos el papel de seres desprotegidos y con el futuro en manos de bobos adinerados; si hacemos eso, estaremos perdidos.
Pensemos en nosotros, en que no podemos depender de nadie más. Si no cambiamos cada uno nada cambiará. Dejemos de culpar unos y de prohibir otros asumiendo nuestra responsabilidad. Pequeña y débil ante un sistema terrorífico. Enorme e imparable si las sumamos.
Esto no es gobernar. Es abusar y engañar. Pero nosotros ¿nos estamos sabiendo gobernar? A falta de presupuestos, con recortes que nos atemorizan, somos responsables de nuestro futuro. Nunca dejamos de serlo. Si no hay ayudas de parte del gobierno habrá que dibujarlas, inventarlas. Velemos por nuestros bosques, por nuestros jóvenes, por cada uno de nosotros. Tal vez ha llegado el momento de dejarse de lamentaciones.


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