Reflexiones sobre la escritura (4)

1. Todos los escritores pasan por momentos duros en los que no tienen nada que contar. En realidad, lo raro es encontrar a alguien que esté en constante movimiento creativo que le dé para escribir y hacerlo bien. Suele ser motivo de gran angustia esta falta de de ideas, pero sin embargo, es algo normal. Casi saludable si no se extiende, más de la cuenta, en el tiempo. Porque el que cree tener algo que contar de forma perpetua suele narrar cualquier cosa insignificante creyendo que está inventando la literatura en cada página. Y eso es mejor ahorrárselo.
2. Para escribir es necesario que el mundo esté en movimiento. Anclarse en lo que uno es significa que el proceso creativo se anula. Lo estático, lo conocido, la realidad sobada una y mil veces, está enfrente de lo que un escritor está obligado a ser. Tomar papel y lápiz para decir que el sol brilla e ilumina el rostro de la amada es tan estéril como aburrido.
3. Los períodos de silencio de un escritor deberían coincidir con enormes tiempos de lectura. Tal vez en un verso o en una frase escrita por otro se encuentre eso que uno quiere decir y no sabe cómo. Condensada en un puñado de palabras el escritor puede encontrar el germen de un relato breve o de una futura novela.
4. La capacidad de fabulación es algo así como el fondo de armario de la literatura. Pero tirado de cualquier forma sobre un papel produce el mismo efecto que la ropa amontonada en el cesto de la ropa sucia.
5. El escritor, o el que quiere serlo, debe sentirse abrumado por la realidad. Cualquier otra cosa no sirve.


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