Reposo

Me hablas de tus cosas. Pero la fatiga se acuesta entre ambos. Cierro los ojos sin saberlo.
Tengo el tiempo justo para soñar el tiempo con extrañeza. Y abro los ojos.
Allí sigues con tu libro en las manos. Duerme, dices.
Es, ahora, cuando entorno los ojos con tranquilidad, sabiendo que sólo es un transito. Porque lo sagrado arrastra lo eterno. Porque allí sigues con tu libro.


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