Risa tonta de pandereta

Suena “My flame burns blue” de Elvis Costello. Un directo junto a la Metropole Orkest. Delicioso.
El joven Guzmán duerme a mi espalda. Debe estar soñando con algo muy agradable. Cada poco suelta una carcajada. Como cuando le hago cosquillas. Sus hermanos vienen a escuchar de cerca y se unen al festival de risas tontas. Les echo una y otra vez de la habitación. Y me da la risa. Basta que alguien comience a reír para que el contagio se produzca de inmediato. Eso o estar en un tanatorio. Si hay un lugar en el que la gente sufre ataques de risa es ahí. No conozco a nadie que no haya pasado por una experiencia de ese tipo. Yo mismo me partía de risa el día que murió mi padre. El peor día de mi vida parecía una juerga sin fin.
Se acaba de acercar Gonzalo para preguntarme sobre lo que escribo. Me dice que no, que lo peor es entrar en un ascensor con un amigo o dos y un desconocido. Uno sonríe, el otro mira al techo, otro no puede aguantar. Suele ser el que dice una parida para justificar las carcajadas que aparecen en ese instante. No le falta razón a Gonzalo. Se une Guillermo a la conversación para decir que en España somos muy alegres, que nos gusta eso de reírnos. ¿Me dejáis escribir, guapitos? les digo mirándoles con cara de histeria fingida. Vale, pero avísanos si le da el ataque al enano, dice Guillermo.
España. Alegría. Pandereta. Cachondeo en todo momento. Ojalá fuera así. Otro gallo nos cantaría. Esto que dice Guille me hace recordar un capítulo de la novela de Isaac Rosa “El vano ayer”. Habla de la España más negra y peligrosa desde ese tópico. Unas páginas divertidísimas aunque angustiosas cuando acaban porque dejan el poso de la tristeza. Inolvidables.
Me dan ganas de llamar a los niños y explicarles que no, que en España no hay casi nada cachondo, que los políticos se dedican a crisparnos, que las calles se están llenando de inmigrantes a los que no damos una sola oportunidad con la excusa de una invasión inventada por los que mejor viven, que es difícil sentirse de aquí cuando creo que no tengo nada que ver con casi nadie, que los españoles lo que hacen es ser más graciosos cuando van de bar en bar, cuando ven fútbol o leen revistas llenas de fotos de famosos. Poco más. Eso de la España de pandereta es una gran mentira. Es lo que nos hacen creer para que sigamos tragando con lo que nos echan a diario. Españoles, sois unos cachondos, con vosotros no hay quien pueda, se os dicen las cosas y os da lo mismo porque sois felices y nadie conseguirá quitaros esa alegría inmensa que es la envidia del universo. El mundo se acabará, pero vosotros seguiréis riendo y riendo, bailando sevillanas, tocando las palmas con un coraje sin igual. Pase lo que pase, aquí no pasa nada.
Y los españoles, como somos así, nos lo creemos. Y los políticos que se las saben todas nos siguen contando la misma milonga desde hace sesenta años.
Quizás lo que pasa es que vivimos en un inmenso tanatorio televisado. Y por eso nos dan ataques de risa tonta. O que nos pasamos el día soñando con un premio de lotería como hace Guzmán con las cosquillas. O que no tiene remedio nuestra idiotez. Quizás sea esa la razón de tanta risita estúpida. Desde luego por lo felices y alegres que somos no pasa. Eso no.


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