Ruido

Es muy habitual entre los jóvenes escritores (y entre los malos que ya son veteranos) comprobar como sienten, al escribir, la necesidad de contar todo lo que les pasa a sus personajes. Todo. Y el resultado es desastroso porque se cuela en el relato todo aquello que es irrelevante, reiterativo sin necesidad y, siempre, aburrido. Es también habitual que las descripciones se llenen de adjetivos grandiosos en cantidades desproporcionadas, de rasgos que se van sumando a modo de inventario y que terminan por desfigurar lo descrito.
“Los ojos se juntaban de forma ridícula cerca de la nariz. Una nariz que parecía crecer desde las cejas queriendo llegar a la barbilla. Las orejas se desplegaban como dos prótesis exageradas propias de un payaso. Sonrió dejando ver las dos filas de dientes irregulares. Parecía un tiburón blanco. Sonrió y la piel se arrugó dejando ver un sinfín de poros que pronto serían cráteres en aquel rostro”.
Muy bien. Si el autor de este texto nos hubiera dicho “era feo” nos hubiera ahorrado un tiempo precioso. Mucha palabrería para tan poca cosa.
“La cama estaba llena de ropa que no iba bien. Sintió el pequeño tic en el ojo. Apenas tenía donde elegir. Agarró unos vaqueros y una blusa blanca sin escote y comenzó a vestirse. El tic aumentaba su frecuencia. El labio inferior comenzó a temblar ligeramente. Antes de salir evitó pasar por delante del espejo”.
La diferencia es notable. No sabemos cómo es exactamente este personaje (físicamente), pero sabemos cómo se siente siendo así. No sabemos con quién va a encontrarse, pero sabemos que lo hace pensando en su inferioridad. Lo hace insegura. Un tic, un temblor del labio. Sólo sabemos eso. Y, lo más importante, evita el espejo. Es decir, lo que no vemos es lo que “suena”. Ese es el ruido que buscamos los escritores al narrar. Lo que suena cuando no se dice.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


1 Respuesta en “Ruido”

  • Edda ha escrito:

    Ocurre que cuando descubres ese sonido, es música celestial. También puede ocurrir que el escritor narre tan bajito que su sonido sea imperceptible y el lector se pierda la melodía. Cuando esto ocurre, me duermo como si me estuvieran cantando una nana 😉