Ser la verdad

Hay cosas que no deberíamos intentar entender. Nunca. Porque por más filosofía que le eches al asunto, por más ciencia que gastes en el intento, no hay nada que hacer. Puede resultar extraño esto que digo, pero estoy convencido de que es así. Hay cosas que te llevan a lugares muy difíciles; a territorios que, una vez vistos, te arrastran; zonas de las que no se puede huir. Hay cosas que se deben creer. Sólo eso. Las teorías, las explicaciones racionales, los pensamientos de otros, te acercan a la verdad. Aunque no te dictan esa certeza que tanto deseamos en algún momento de nuestra vida.
Las cosas de Dios, las del amor, la ira que llega quieras o no y que detestas, lo lejano de un perdón que la teoría dibuja com posible y que no sabes gestionar. Ejemplos no faltan. Las cosas más habituales (con esas que convives a diario) o las más extrañas, pueden serlo.
Esta muy bien aproximarse a lo que queremos conocer. Pero ¿de qué sirve intentar enfrentarse a la idea de infinito? El que se obsesiona con algo así está acabado. Conocer los límites (menuda paradoja) es lo único que permite una salud mental necesaria para sobrevivir con cierta estabilidad.
Si no somos capaces de conocernos ¿cómo vamos a entender el cosmos? ¿Es necesario comprender desde la razón las cosas para poder convivir con ellas? ¿Hay que creer sin condiciones para ser feliz? La inteligencia humana se mueve dentro de sus propias fronteras. Eso no puede discutirse. Las creencias, sin embargo, pueden moverse con facilidad dentro de zonas oscuras y lejanas con soltura. Eso tampoco se debería poner en duda. Ni que somos materia y espíritu, que tendemos tanto a usar la razón como a despreciarla si, por ejemplo, tenemos miedo.
Tal vez ser humano es saber que la perfección nos queda lejos y que las carencias se solventan con inventos. O que los inventos no lo son y que millones de personas creen algo cierto que a otros les parece un auténtico disparate.
Tal vez ser humano es tener que dejarse arrastrar por el destino aunque parezca absurdo el camino.
Tal vez ser humano es acercarse a la tierra, volver a oler y escuchar el sonido del planeta; acercarse a la persona en su estado puro, con sus miedos, sus limitaciones y su grandeza. Sin adornos. Tal vez el juego consiste en lo que fue y no en lo que queremos imponer a toda costa entre ordenadores o vehículos espaciales.
Lo único que tengo claro es que debemos creer algunas cosas sin preguntarnos. Por ejemplo, en nosotros mismos. Es el único camino que se me ocurre para terminar sabiendo existir razonando. Y esto si que no tiene nada de científico.



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