Siempre está

Me pregunto qué es la nada sentado frente al televisor, noche de insomnio, después de una noticia que pone los pelos de punta a cualquiera con un mínimo de sensibilidad; la nada se acerca con peligro hasta la tranquilidad de poder abrir los ojos y desperezarte, acaricia una piel reseca de preocupación que no se muda aunque te arrastres como una víbora frente al espejo. La nada se explica al estar, pero insisto en diseccionarla con cuidado para equivocarme el millón de veces necesario para aguantar en pie. Porque ella está siempre. Mucho antes que cualquiera de nosotros. Mucho antes que la eternidad de Dios. Antes que la nada.
Saber con certeza que eres poco más que un pasado insignificante. Mirar a un niño como si fuera un recuerdo. Despertar, dormir, despertar, de nuevo dormir para despertar.
Quizás sea así de fácil. Aunque el miedo es libre.


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