Simular el olvido

Lo mejor que podemos hacer es asumir lo que nos pasa en esta vida como algo inevitable. Las cosas suceden y ya no pueden cambiar. La vida se llena de manchas, de parches o de zonas luminosas que se apagan con facilidad. Es absurdo que intentemos hacer desaparecer las cosas que nos molestan, que nos hacen sufrir o que tenemos por innecesarias. Nos guste o no, siempre quedaran de alguna forma en el lugar que ocuparon. Recuerdos, una cicatriz o un sonido susurrado que no dejas de escuchar. También es ridículo intentar que lo que más nos agrada sea eterno. Eso, lo mejor de la vida, termina siendo un recuerdo, una cicatriz o un sonido susurrado que no dejas de escuchar. Ambas cosas, si se las convierte en parte de un disfraz, nos hacen infelices, nos borran del escenario. Lo bueno es efímero, lo malo también. No podemos alargar o hacer más chico nada de este mundo. Cada cosa ocupa su lugar exacto, su tiempo.
Negar nuestro entorno es lo mismo que arrancarnos de cuajo parte de lo que nos ha tocado ser. Las malas experiencias nos pueden hacer evolucionar para conseguir alguna cosa, poco antes, improbable. Y pudiera ser que las mejores vivencias nos convirtieran en seres mezquinos. La suma de todo es lo que nos dibuja con trazo grueso. Ser consciente de esto nos permite pulir ese dibujo basto para que lo esperado llegue. En otro tiempo, en cualquier lugar inesperado. Somos lo que queremos en la medida en que hacemos nuestras las experiencias; aparecemos cuando decidimos reflexionar sobre cada minuto malgastado. De nada sirve llenar el saco de un olvido mentiroso que rebosa miedo. Eso es el olvido fingido. Miedo. Estamos hartos de convivir con nuestros enemigos, con gente que te arrancaría la piel a tiras si pudiera, con un buen puñado de anormales a los que hay que aguantar porque tienen la posibilidad de hacer mucho daño. Sin embargo, no somos capaces de arrimarnos a nuestros fantasmas para enfrentarlos con calma, con sensatez. Siempre fue más fácil soportar a los demás que a uno mismo. Eso son los fantasmas personales. Uno mismo disfrazado de fracaso. Un payaso triste.
Cualquier cosa que sucede es yo. Mis fantasmas son yo. En un lugar exacto, en un tiempo que no corre más aprisa al cerrar los ojos.Por eso escucho música a solas, leo encerrado en mi habitación o camino sin saber donde llegaré. Estar a solas me hace mirar una sombra movida por lo que soy. La mía, la que se refleja allá donde voy. Llena de manchas, de luces, de susurros.

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