Sin eufemismos

Los políticos están a punto de encontrar una solución al problema.
Hasta ahora, los recortes en presupuestos públicos y las reformas laborales que nos van a a destrozar el futuro, parecían la única solución posible. Resignados hemos asistido -seguimos mirando con cara de tontos- a un desmantelamiento de nuestras posibilidades atroz y criminal. El futuro de millones de personas reducidos a eso que ellos llaman bonos basura. El futuro de millones de personas secuestrado y ejecutado.
No siendo esto suficiente, se sacaron de la manga otra solución infalible. Nos la presentaron como quien entrega a un moribundo una receta que le permitiera vivir unos años más y, a la vez, el certificado de defunción en vida. Vivirás hecho un asco, pero vivirás unos añitos más. Se trataba del rescate y saneamiento de un sistema financiero que habían creado ellos mismos, con el que habían logrado enriquecerse y enriquecer a sus amigotes, y que no podía quebrarse por el bien de la humanidad entera. Pongamos el dinero de todos en una caja para que los banqueros puedan hacer uso de él, dijeron. El resultado es que miles de personas irán a la calle. Los empleados de los bancos. El saneamiento consistía en quedarse con el dinero de todos y en poner de patitas en la calle a los empleados además de comprar deuda soberana de España para empeorar todo un poco más. Qué bien. Uno podría pensar que con tantos miles de millones salvarían los empleos, pero no. Eso nunca, queridos. Tocarían a menos. Uno podría pensar que serían decentes y no tocarían la deuda soberana, pero no. Eso nunca, queridos. Tocarían a menos. Han vaciado las cloacas de mierda que ellos echaron y punto. Todo lo despilfarrado por ellos pagado por todos. Como si tuviéramos la culpa. Eso sí, muy adornado, como haciéndonos un favor muy grande.
Pero, ahora, están a punto de encontrar una solución. Sin eufemismos ni nada de eso. Van a robar. Están preparando todo para robar a manos llenas. Están preparando todo para meter mano a los ahorros de los que siempre pagan el pato. Seguramente, están preparando trampas para que su dinero quede a salvo, pero eso no lo dicen, eso no cuenta. Utilizando la excusa más vergonzosa que nadie pudiera haber imaginado. Algo así como que algunos ahorradores son la causa del problema. ¿Usted tenía contratadas preferentes en su caja o banco? Pues es usted un ladrón. Me lo quedo. ¿Usted tiene más de 100.000 euros en el banco? Pues es usted un ladrón. Me lo quedo. Nada, nada, el despilfarro lo pagamos entre todos. Qué vergüenza. Dicen los políticos y los banqueros que algunos ahorradores han sido los que han provocado todo este desastre económico. Como si ellos no tuvieran su dinerito colocado en paraísos fiscales. Olvidan que esos ahorradores (unos pocos) han utilizado sus mismas herramientas, las que inventaron ellos para esquilmar el sistema financiero del mundo entero. Y olvidan que muchos (cientos de miles de ahorradores) son personas decentes que han ahorrado esos 100.000 euros con gran esfuerzo, al recibir una herencia o por cualquier otra razón más limpia que la de cualquiera de ellos. Esos ahorradores no se inventaron paraísos fiscales, ni preferentes, ni mecanismos diabólicos para acumular fortunas. Ni han robado. Nunca lo han hecho.
Lo más gracioso es que ahora nos venden la idea de ser una especie de Robin Hood multitudinario, que nos van a sacar de un pozo horrible porque son lo mejor de lo mejor. No se puede ser más cínico ni más sinvergüenza.
No seré yo el que defienda a los que han hecho trampas, tengan mucho ahorrado o poco. Pero tampoco seré yo quién haga el caldo gordo a esta banda de forajidos que gobiernan el mundo entero y que, además, lo hacen sirviendo al poder del dinero. Los malos son los malos aunque intenten disfrazarse con una verborrea estúpida y canalla que, como casi nadie entiende, cuela.
Ahora ya piensan en robar. Así de sencillo. Siguen sin querer encarcelar a los que se lo han llevado en sacos. Seguramente porque alguno de esos sacos terminó en su poder. Se defienden unos a otros, se tapan unos a otros, cierran agujeros con el esfuerzo y el sufrimiento de personas que ya no saben desde qué lugar les llegará el próximo estacazo. Si el delito es de la clase política o de los cercanos, todo se retrasa, todo es farragoso y casi imposible de solucionar. Las instituciones están podridas y, encima, dicen que no es el momento de desmantelarlas tal y como está el patio. Pues no, señor, no. Ahora es el momento preciso. ¿No se ha ido todo al garete? Pues ahora, hombre, ahora. Nadie que vista cuello duro y tenga carnét de un partido o un amigo poderoso pisa la prisión. Sólo los pobrecitos que no tienen un lugar en el que caerse muertos. Esos sí, que quedan fatal en las calles pidiendo o en la televisión llorando sus penas.
¿Dónde están los miles de millones que faltan? ¿Nadie va a devolver lo robado, nadie es responsable de nada? ¿Por qué no dimiten todos? ¿No les queda un poco de dignidad, no la vamos a tener nosotros para pedir sus ceses? ¿Por qué algunas instituciones son intocables si hay claros síntomas de corrupción dentro de ellas? ¿Por qué pagamos el pato millones de personas que ni hemos cobrado comisiones, ni hemos robado un céntimo y que no hemos vivido por encima de posibilidad alguna?
Estamos asistiendo al mayor desfalco de la historia de la humanidad sin rechistar, sin mover un dedo, impasibles, como si esto no fuera con nosotros, como si estuviéramos viendo un documental. Llegarán las elecciones y volveremos a votar en masa a los mismos. Temblando de miedo por si nos tocan lo poco que nos queda. Sin criterios ideológicos. Sin pensar. Creyendo que, mientras el marrón se lo coman otros, la cosa no va mal del todo.
Qué pena y que desazón.


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