Sin grandes soluciones

Una vecina, perfectamente arreglada para ir a la iglesia, me ha preguntado en el portal de casa si estaba en contra o a favor del aborto. “Tú que tienes cuatro hijos seguro que también tienes una postura clara al respecto”, seguía diciendo. He levantado la mano para impedir que continuara con su discurso. Hubiera querido no contestar (casi nunca lo hago cuando se trata de este asunto), pero lo he hecho. Oiga ¿usted conoce a alguien que esté a favor de algo así? ¿Se trata de estar a favor o en contra? ¿De verdad piensa que alguien aborta porque está a favor? No, no, no. Ha equivocado usted la pregunta. Eso es reducir un gran problema a cosa de patio de vecinos o sobremesa aderezada con una buena copa de pacharán. Se lo he dicho obligándome a mostrar la mejor de mis sonrisas. Y ella se ha quedado donde estaba con la peor de sus muecas. Sin obligación de ningún tipo. Una amiguita menos. Creo.
Es verdad que me defino pocas veces sobre este asunto, entre otras cosas, porque parece que este es un problema ajeno al hombre. No creo que sea así, en absoluto, pero han sido tantas las veces que he tenido que soportar impertinencias del tipo “tú a callar, este no es asunto tuyo y no podrás comprender en la vida”, que tiré la toalla hace muchos años. Como, además, alguna vez sí me interesaba y mucho, como me causó un enorme dolor no poder ni siquiera opinar, me he refugiado en un silencio cómodo.
No deja de tener razón la mujer que dice que un hombre es incapaz de comprender. La misma que yo cuando digo que una mujer tampoco puede ponerse en el lugar de un hombre ante una situación tan extrema. Pero ninguna de las dos afirmaciones llega a ningún lugar en el que unos puedan cuidar de otros. Me parece absurdo, estéril, una forma como otra cualquiera de hacer más largas las distancias. Dejar fuera una de las partes es, siempre, un error. Es justo al revés. Justo al revés. Un problema común a dos personas es el problema de dos. Nunca de una.
Si el debate “en contra- a favor” no sirve por reducir el problema a casi nada, ¿cuál es el bueno? ¿Cómo enfocar algo así? Yo no tengo la respuesta, pero sí me alarman algunas posturas de personas que parecen razonables y sacan la peor de las fieras a pasear cuando les plantean qué harían si supieran que su hija está embarazada con catorce años o si existe vida o no justo en el momento en el que el espermatozoide fecunda el óvulo; si se trata de un crimen o no.
Lo que si tengo es un montón de preguntas (muchas de ellas sin respuesta) que deberíamos plantearnos antes de opinar. ¿Se puede obligar a una mujer de catorce años a tener un hijo? ¿Y a no tenerlo? ¿La autoridad moral de un padre hasta donde puede llegar? ¿Realmente los adultos son (actualmente) más maduros que los adolescentes ante este problema? ¿Se trata de si hay vida o no? (Vida tiene un perro o una planta y no dudamos ni un segundo en acabar con ellos si es necesario) ¿O se trata de saber cuando la vida es humana? Podría seguir planteando cuestiones hasta el año que viene. Y todas sin una respuesta clara.
Un enorme problema en el que no cabe, de momento, una gran solución.
Desde luego no lo es que una jovencita tenga que ir (a escondidas) a la cuarta planta de un edificio asqueroso, en el que los medios se reducen a cuatro aparatos llenos de mierda, como sucedía no hace mucho. Ni que no pongamos todos los medios necesarios al alcance de hombres y mujeres para evitar llegar a situaciones extremas. Una educación sexual bien planteada evitaría algunos casos (no todos desde luego). Ni la imposición moral de nadie. Ni, por supuesto, la amenaza con el chirriar de dientes entre llamas y sufrimientos eternos. Eso sí que no.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


6 Respuestas en “Sin grandes soluciones”

  • Anonymous ha escrito:

    Chapeau!

    Núria A.

  • Carmen Neke ha escrito:

    Has dado en el clavo con tu respuesta a la vecina: nadie puede estar a favor del aborto, o de la eutanasia. Es una cuestión de la conciencia individual de cada persona, por eso mismo es necesario que exista la posibilidad de llevarlo a cabo dentro de un marco legal. Porque es algo que nadie tiene derecho a elegir por ti.

  • MERCHE ha escrito:

    La verdad es que el tema se las trae… estoy de acuerdo contigo en casi todo .. no se resume en un simple ¿hay vida o no? y mucho menos que alguien decida por ti en la elección…
    Y el problema no es solo de uno sino de las dos personas .. porque se ha de dejar a la otra fuera … la decisión ha de ser siempre conjunta….
    uffff para opinar con rigor si se ha de abortar o no nos deberíamos de ponernos en la piel de quien lo lleva a cabo por los motivos que sean… seguro que hay un motivo fundamental para esa persona.

  • Edda ha escrito:

    Igual tu vecina es de las que piensa que una ley como la del aborto es de obligado cumplimiento. Es decir, que todas las jovencitas de catorce años que se queden embarazadas se van a poner a abortar como locas. Pues no, no es cierto. Esa ley da la posibilidad de tomar una decisión individual, acorde con cada persona y sus circunstancias. Si una chica de catorce años asume lo que ha ocurrido, decide tener el bebé y es consciente de cómo va a cambiar su vida, y además cuenta con el apoyo de su familia, pues olé. Pero si por el contrario se le viene el mundo encima, no sabe cómo afrontar lo que ha ocurrido y le aterroriza contarlo en casa, lo último que necesita esta chica es que encima la consideremos una delincuente.

  • Poma ha escrito:

    Personal e intransferible tema de dos.

  • Celina. ha escrito:

    Detesto, que religiones, instituciones, personas, las que sean, opinen por lo que esté sucediendo en nuestro cuerpo que es nuestro y de nadie más. Somos dueñas de decidir, nosotras las mujeres. Y punto.
    ¿Cuándo van entender, ahhh?
    Qué lentos, grrr.
    Saludos con todo mi afecto querido G.