Sobre eso que llamamos talento

Shostakovich decía tener la cabeza llena de melodías. Siempre distintas unas de otras. La razón era que, desde que una esquirla de metralla se le quedó alojada en el corazón, si inclinaba la cabeza hacia un lado podía escuchar música. Ese era su gran secreto. Escuchaba y luego componía. Creo yo que se escuchaba y luego escribía en la partitura lo oído.
Shostakovich hacía lo que un artista debe hacer. Pensar la realidad, intentar recomponerla en la mente para representarla. El lenguaje que se utilice es lo de menos. Música, pintura o escritura son la misma cosa.
Un escritor, por ejemplo, no puede dejar de mirar las cosas sabiendo que él no puede ver lo que cualquier otro. Una mosca revoloteando por la habitación para un escritor se transforma en “la mosca”. Y una vez que ha visto, que ha observado lo que sólo unos pocos tienen a su alcance, lo convierte en un relato.
Para llegar a ser escritor no es necesario tener una esquirla alojada en el ventrículo izquierdo (quizás para ser un genio como Shostakovich, sí, lo desconozco porque no soy ni un genio ni me apellido Shostakovich), pero sí que es fundamental saber que la realidad existe para ser dominada, controlada; que la realidad encierra el sentido que queramos dar a nuestra existencia, la explicación de todo lo que nos pasa.
Eso que llamamos talento no es ni más ni menos que la capacidad del artista para dominar la realidad.
¿Por qué impresiona tanto acercarse a una buena novela o a una buena película o a un buen cuadro? ¿Nos impresiona la técnica utilizada o el resultado? La técnica nos puede gustar más o menos, nos parecerá original o extraordinariamente difícil, pero lo que nos abruma, lo que nos conmociona es el resultado, es esa forma de entender el mundo que nadie antes nos ha mostrado y que no podíamos imaginar que estuviera en ninguna parte del cosmos.
Hoy me preguntaban si he conseguido alguna vez en mi vida que alguien se convirtiera en escritor sin tener grandes facultades. La respuesta ha sido que he conocido muchas personas con una técnica de escritura muy justa, muy rudimentaria; unos con gran capacidad para ver más allá, otros con la mirada puesta en su propio ombligo. Sólo los primeros han terminado publicando. Y, prometo con toda solemnidad, que nadie les alojó ni esquirlas ni objetos extraños en ninguna parte de su cuerpo.
Recuerdo que una alumna de las pequeñas (mientras realizábamos un ejercicio utilizando el lenguaje de los sentidos) miraba una arboleda. Me acerqué con cuidado y le pregunté qué era lo que veía. Huele como cuando iba a visitar a mi abuela, Gabriel. Los árboles estaban a más de mil metros. Ella veía aquello y podía oler, veía un relato en el que pasaba esto o aquello. Y no era sinestésica. Ahora es escritora y aquel día todo lo que había escrito no ocupaba un confeti.
Les dejo con una excelente versión del tema “O que será” a cargo de Till Brönner y acompañado por Vanessa da Mata. Y no traten de hacer nada con esquirlas de metralla. No sirve.


2 Respuestas en “Sobre eso que llamamos talento”

  • Núria A. ha escrito:

    El talento existe. Vamos que si existe, pero normalmente los que triunfan, lo que se vé y hace más ruido, no es el resultado de la plasmación del talento, es el producto de algo bien distinto. Y es que, ya lo dijo no sé quien, lo esencial (incluido el talento) suele ser invisible a los ojos.

  • Edda ha escrito:

    El talento existe. Pero hay que buscarlo, no siempre nos lo venden.